Historias

Los hijos de Zuassagoitía VII: Sentimientos

e6403fa3661cae54b9da943b3f4deb94-coffee-mornings-morning-coffeeHan pasado dos días desde el ataque de Victoria y Tamara aún no se mejora del todo.  La cabeza le sigue doliendo y por más pastillas que tome éste no cesa, además todos los problemas que se han sumado hacen imposible volver a estar tranquila.

Sale de la habitación y Francisco está sentado en el living con una taza de café, al escuchar los pasos se voltea y la ve pálida y ojerosa, inmediatamente se levanta y la ayuda a sentarse junto él.

– ¿ Te sientes mejor?

– Ya he perdido la cuenta de cuantas veces me han preguntado eso este último tiempo. Dice ella

– Creo que eso es un sí. Él le sonríe y ella le responde de la misma manera – Ricardo vino anoche, quería saber como estabas

– No quiero hablar de él ¿haz averiguado algo más? Le pregunta

– Nada a través de Internet, creo que nuestro segundo paso es visitar el orfanato como lo teníamos pensado. Tamara asiente e intenta decirle algo, pero la punzada en la cabeza la deja sin voz. – Es mejor que vuelvas a la cama, te llevaré algo de comer, necesitas eliminar ese color amarillo de tu rostro, no es muy atractivo. Ella no puede evitar reírse mientras él la lleva a la cama y la acuesta.

Luego de una semana ya se siente ella misma nuevamente, aunque el dolor de cabeza todavía no desaparece del todo, decide poner en marcha la visita al orfanato de su padre.  Ambos van en el auto, el plan es que ella llegue primero y él una media hora más tarde. Mientras van en camino, Francisco le advierte que tendrá que ir más allá cuando llegue al lugar, tiene que encontrar cualquier cosa fuera de lugar que les permita tener nuevas pistas. Ella le reprocha que sabe lo que debe hacer y que no será una visita de caridad.

– Hay otra cosa que quería mencionarte. Le dice medio dudativo

– ¿Qué pasa ahora?

– Rodrigo Villaseñor me invitó a la fiesta anual de su partido. Tamara lo queda viendo sorprendida

– ¿Y eso por qué? Lo siento, pero me parece bastante extraño que de la nada un Senador invite a un estudiante de Periodismo a una fiesta de políticos. Sin ofender. Finaliza ella

– Eh… Gracias por la aclaración. Le dice mientras le sonríe. – Según él es por el ataque que sufrí cuando visité su casa, de hecho hasta me ofreció darme una entrevista para el trabajo que necesitaba de la universidad.

– ¿De qué me perdí? – Le dice Tamara sin despegar la mirada de la autopista

– Pues de nada, que soy un pobre chico universitario en su último año de Periodismo y que por hacer un trabajo estudiantil casi me matan… Pobre de mí. Tamara se voltea y lo queda viendo divertida.

– Bueno, algo tenía que inventarme ¿no? Dice él

– Chico Inteligente. Y ambos sonríen

Son las cinco de la tarde y el Director del Orfanato, Manuel Jerez la recibe en la entrada muy amablemente, le comenta que le sorprendió su visita, ya que nunca antes había ido, ella le cuenta que desde la muerte de su amiga muchas cosas cambiaron y una de ellas es preocuparse por lo que sucede en aquel lugar con tan noble misión, miente. El hombre de unos 50 años de edad le hace un tour por el lugar, le muestra a los niños que juegan por el patio sin percatarse de ellos.

– ¿Y dónde están los demás? Le pregunta Tamara

– ¿Quiénes otros? Le responde él sin prestar atención

– Los niños más grandes. Sé que el orfanato de mi padre alberga a chicos hasta que cumplan los 16. Esta vez el Director si le presta atención y la mira seriamente.

– Ellos están en otra área del orfanato señorita Zuassagoitía

-¿Por qué?

– Yo creo que es obvio. Su enojo comienza a ser notorio piensa Tamara – Los chicos de 12 a 16 años están en otra etapa, no quieren estar jugando como ellos. Y apuntó a los pequeños que revolotean felices.

– Toda la razón señor Jerez. bueno lléveme a ver a los otros. Le dice ella con una sonrisa inocente, aunque en su interior sabe que en esos jóvenes está la llave a toda la mierda que ha formado su familia

– Lamento no poder satisfacer sus deseos señorita, pero ellos no son, como decirlo, no están de acuerdo con ser vistos como animales en un zoológico. Ellos ya cuentan con personalidad y toman sus propias decisiones. – Responde sin salirse de su seriedad

– Pero yo sólo quiero conocerlos, no quiero verlos como animales,como da a entender.

– Que le parece si mejor viene otro día y le presento a los chicos más grandes y quizás pueda hablar con alguno de ellos. Hay varios que se les da mucho el sociabilizar. Le dice a modo de terminar el tema. Cuando Tamara estaba por responderle, se acerca la secretaria y le informa al Director que lo busca un joven llamado Francisco De María, de parte del diario El Nacional.

Ambos entran a la oficina donde se encuentra sentado Francisco, Manuel Jerez presenta a Tamara y luego se presenta él. Ambos actúan como si no se conocieran, tal como lo habían coordinado. Ella se despide y le aclara que le cobrará la visita a los chicos más grandes del orfanato, el Director sin darle mucha importancia se despide de ella.

Mientras espera a Francisco un par de cuadras de distancias del Orfanato, recibe una llamada de su padre. La invita a la fiesta de Rodrigo Villaseñor, ella nos sabe si sentirse incomoda o reírse por la ironía de la situación, a pesar de ello acepta la invitación.

Treinta minutos más tarde llega Francisco. Ambos se quedan mirando

– Necesitamos entrar a la otra área del orfanato. Dice él con una mezcla de esperanza de saber que van por buen camino, pero a la vez amargura porque están a muy poco de encontrarse con una realidad que a lo mejor no están preparados para enfrentar y menos Tamara

– Definitivamente. Le responde ella con esa misma sensación. – Te tengo otra noticia. Creo que tendremos que seguir en nuestros papeles de desconocidos o por lo menos hasta esta noche.

– ¿Qué pasó?

– Mi padre me invitó a la fiesta de Rodrigo Villaseñor

– ¿Y vas a ir? Le pregunta él bastante sorprendido, tanto que Tamara se sintió un poco insultada.

– ¿Qué quieres decir con “vas a ir”? – Le reprocha ella

– Perdón, pero no pensé que eras de las chicas que van a ese tipo de fiesta, ya sabes… De gala.

– ¡¿Disculpa?! Dice Tamara y él comienza a reír

– Hey tranquila… Es solo que, pensé que eras más del tipo… Vida ermitaña

– Y me puedes explicar que parte de tu investigación te llevó a esa gran conclusión con respecto a mi vida social. Le dice con tono serio mientras él sigue disfrutando del momento

– Bueno, para empezar, eres licenciada en Literatura Inglesa, tienes una personalidad, por decirlo bastante ahuyentadora y tu paciencia para las cosas sin sentidos es nula. Le responde Francisco mientras la observa con una sonrisa desafiante. Ella se voltea para contestarle pero no sabe que decir, de cierta forma él tiene algo de razón, por lo que decide cambiar de tema y se enfocaron en como actuarían en el evento. La idea es no toparse para que no los relacionen.

Son pasada las diez de la noche y el timbre suena, Tamara sale de su pieza con un vestido rojo colonial, posee un escote en V que hace lucir sus senos de forma perfecta y por detrás deja al descubierto toda su espalda, lleva el pelo suelto con ondas desordenadas y maquillaje en tonos café. Todo el proceso de arreglarse le recordó los momentos de adolescencia con Valentina, cuando disfrutaba de todo aquello. Abre la puerta para hacer entrar a su padre, pero a quien se encuentra es a Ricardo. Él no puede evitar mirarla de pies a cabeza y su expresión de sorpresa tampoco la puede disimular, mientras ella se siente totalmente incómoda.

– ¿Qué haces aquí? Le pregunta ella, pero él no responde – ¡Ricardo!

– Te ves… Diferente

– Eso no responde mi pregunta. Insiste ella con su mirada llena de odio

– Necesitamos hablar. Necesito explicarte…

– Ya me cansé de las sorpresas Ricardo. No quiero que me expliques nada, porque cuando lo hagas no pasarán ni dos días en que algo nuevo aparecerá y volverás a… Ambos se quedan en silencio unos segundos

– ¿A qué? Ella sigue sin responder, sólo lo mira – ¿A qué Tamara?

– A demostrarme que no eres de confianza

– No te culpo que te sientas así, pero también tienes que entender que mi vida no es simple. No voy por ahí como todo el mundo haciendo amigos y contándole mis historias divertidas de la infancia, mis errores de adolescente o mis malas decisiones de juventud.

– Yo no tengo la culpa

– Mejor no entrar en ese terreno. De alguna forma Tamara sí siente que en algún grado tiene culpa por la vida de Ricardo, pero prefirió callárselo. Mira llevo treinta años luchando por mantener algo de normalidad en mi vida y eso sólo lo conseguí con Valentina, por lo que volver a confiar no es algo que se me dé tan fácil, además… No puedo exponer a los que me rodean a toda esta mierda. Sin embargo, sé que puedo confiar en ti, porque sé que estás igual que yo, buscando respuestas. Déjame mostrarte que esto si puede funcionar y podemos trabajar juntos.

– Para llegar a eso necesito saber todo, pero absolutamente todo Ricardo y no sé que tan dispuesto estés a exponer a tus amigos. Le dice ella

– Te contaré todo

– Bien… Mira mi padre está en camino, pero juntémonos mañana

– De acuerdo, te llamaré, buenas noches Tamara. Ella no le responde y cierra la puerta.

El chófer de su padre los lleva al Palacio San Agustín, en el centro de la ciudad. En el camino no dejó de pensar en la visita de Ricardo, de alguna forma sabe que puede confiar en él, independiente de todas las verdades no dichas, pero aún así no deja de ponerle muros y esquivarlo.

La fiesta es como se la había imaginado, llena de políticos, empresarios y abogados. Sólo es una escusa para hacer lobby o jugar al papel de quién es más hipócrita. Entre la gente divisa a Francisco, éste le guiñe el ojo y le sonríe mientras ella mueve la cabeza divertida y le levanta la copa con Late Harvest a modo de saludo.

Tamara camina por el pasillo que lleva al baño, de fondo se escucha una música lenta y a su alrededor no hay nadie, sólo una tenue luz que proveniente de la lámpara de lágrimas que está sobre ella. De repente siente una mano sobre su brazo que la hace girar, se encuentra frente a frente con Francisco

– Señorita desconocida, quisiera concederme esta pieza de baile… ¿Lo dije bien, cierto? Le pregunta él

– ¿Qué estás haciendo? Responde con pánico en la voz y la mirada y Francisco la calma con una sonrisa

– Tranquila, ven confía en mí. La toma de la cintura y lentamente comienzan a balancearse

– Esto es incómodo. Tamara mira para cualquier lado menos a los ojos de Francisco

– Yo estoy muy cómodo. Le dice él de forma divertida y ahora ella si lo ve a los ojos. Comienzan a bailar totalmente sincronizados. Francisco de vez en cuando le dedica una sonrisa coqueta que ella responde. Tamara se relaja y apoya su mano derecha en la parte de atrás del cuello de su pareja mientras su mano izquierda descansa en la mano de él. Sin saber como ella comienza acariciar su cabello y él poco a poco se acerca a su boca sin quitar sus ojos de los de ella. Empezó como un piquito inocente, pasando a un beso romántico y siguió en un beso apasionado que los sorprendió a los dos. No saben cuanto tiempo pasó, pero sólo el eco de un “Tamara” a lo lejos los sacó del trance, la voz de su padre resonaba cada vez más fuerte. Francisco la toma de la cintura con ambas manos para darle un último beso y luego sale caminado rápido hasta perderse de vista.

– Hija, por un momento pensé que te habías ido. Tamara todavía sigue con el sabor de los labios de Francisco y su cabeza intenta hacer encajar lo que acaba de suceder con los últimos acontecimiento, pero nada tiene lógica. – ¿Cariño?

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