Desear lo abstracto

Veo rostros desfigurados, sin historias, sin material, personas que no son nada, tal y como soy yo para ellos. La chica nueva.

Saludar a todos con una sonrisa, mientras mi cabeza repite incansablemente, no digas nada estúpido, tu humor de mierda no todavía, una y otra vez hasta que logro salir de aquella presentación de manera digna. Es gracioso ver sus facciones, todas dicen algo. La química que generan se va fundiendo con la mía y la magia se va produciendo, mmm este tiene pinta de simpático, este tiene cara de culo todo el día, Dios, este no para de hablar, me digo mientras alguien me cuenta lo que tengo que hacer. No, mi mente no se calla nunca, el silencio, la mente en blanco no son experiencias que conozca, por lo tanto, mi primer día de trabajo fue una serie de ¿cómo demonios se hacia esto?.

Los días fueron pasando, aquellos rostros insípidos fueron adquiriendo historias, sentimientos y emociones. Las vivencias se entrelazaban unas con otras y nuevos momentos iban generando una atmósfera diaria. Ya era mi lugar habitual, uno que contaba con sus pequeñas rutinas, un espacio que se hacia cada vez más completo y necesario y que no sé cuando, cómo, ni por qué se transformó en tu sinónimo.

De principio era una niña chiquita con un tic nervioso cada vez que te hablaba, nada terrible, nada complicado. Sólo pensar en ti y automáticamente comenzar a reír como estúpida, cruzar una mirada y sentir como sudaba debajo de aquel uniforme tan favorecedor para intentar coquetearte. Todo era sencillo.

Lo simple fue mutando, yo fui cambiando y todo lo anterior, todo ese desvarío fue tornándose complicado, doloroso y pasional.

La niña enamoradiza murió en aquel lugar, se convirtió en alguien que desea, que desea más allá de lo inocente. No quiero una mirada furtiva, no quiero una frase para interpretarla, ni tampoco me apetece algún gesto el cual deba atesorar. Te deseo a ti, completamente a ti. Quiero tu humor de mierda, ese que es igual o peor que el mío, quiero tus días bipolares, esos en donde los buenos días son para todo un año y luego el almuerzo es una piedra estancada en mi estómago.

Te quiero a ti más allá de lo abstracto, más allá de la idea y mucho más allá de la esperanza. Te quiero a ti de forma tangible.

Ver tus ojos negros, llenos de cosas no dichas, de sentimientos guardados me provoca ir despolvándolos con un beso en el cuello, con un roce en tu oreja, así como aquellos días de lluvia y café instantáneo.

Tocar tu barba abundante con la yemas de mis dedos siempre ha sido para mí la forma de recordarte, creo que jamás podría violar ese recuerdo con otra persona, es tan tú y yo. Tu espalda es un misterio que hasta el día de hoy me sigue dando vueltas; tan suave, tan expresiva, todo estaba ahí, jamás se guardaba nada. Tan diferente a tu mirada.

Creo que saber cual es tu talón de Aquiles no sea muy beneficiosos para ninguno de los dos, porque cuando pienso en ti las mariposas vuelven a arder y sólo quiero tocar tu puerta y volver a juguetear con tus lunares, sé que allí están las respuestas que aún me atormentan.

Tú, hoy no sólo tienes tu propia historia, también tienes parte de mí, y yo tengo todo un año de tus frases en plena madrugada y desayunos con el amanecer a medio camino. Desear lo abstracto y lo tangible es peligros, tú eres peligroso, pero prefiero seguir hundiéndome antes de quedar como al principio, rodeada de personas translúcidas.

 

 

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