Fragmentos

Naturaleza oscura

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El rocío de la mañana se cala por mi piel, me va congelando los pasos con cada segundo, por más que me esfuerce en correr rápido el cuerpo ya no responde. Perdí la noción de cuanto tiempo llevo en este bosque infinito, lleno de barro y raíces que sobresalen, árboles frondosos de un verde que fácilmente se confunden con la oscuridad. Mis pies sucios y sangrantes piden a gritos que me detenga. Sólo me quedan retazos del vestido beige que llevaba puesto hace unas horas. Me aferro a un tronco, lo abrazo como si se me fuera la vida en ello, en cierta forma lo es, necesito recobrar la respiración o moriré antes de llegar al otro lado, si es que existe ese otro lado.

Mientras lucho en no desvancerme como la nieblina que entorpece mi camino, varias imagenes llegan a mi mente, quisiera que la adrenalina las mantuviera a raya, pero algo así es imposible. Cinco años viviendo en ese lugar no es fácil de olvidar, menos ahora. Me detengo en seco para vomitar por tercera vez, los recuerdos son más fuertes que mis ganas de arrancar. El fuego, la gente que creía mi familia, las máscaras, sus voces, él, yo… Mi vestido, la ceremonia, todo me produce arcadas.

En estos momentos extraño mi vida antes de toda esta locura. Ese trabajo de mierda, esos fin de semanas que se me borraban completamente con una botella de alcohol, Dios como quisiera estar en ese maldito bar ahora mismo, eliminando de mi mente los recuerdos de su voz, de sus discursos, pero por sobretodo de mi estupidez, ésa que me llevó hasta el fin del mundo, donde sólo existen cerros y lagos, por donde quiera que vaya es el mismo paisaje. Aquí la ayuda no existe, soy yo y esa gente que me persigue, me persigue porque soy igual que ellos. Especial, diferente, con un don que debo respetar, mas yo no quiero nada de ésto, sólo quiero volver a mi vida capitalina: normal, triste, aglomerada de personas sin sentido…

En un principio amé ser parte de algo, saber que la naturaleza me pertenecía, que vivía a través de mí, era una sensación de libertad que jamás había experimentado. Ni siquiera esos pequeños “cartoncitos” que se deshacen en la lengua se comparan a tener esta clase de poder. Bastaba una mirada, una orden y todo fluía según mis deseos. Pero aquello ya no existe más, ya no corre por mis venas. Me lo arrebataron, él lo hizo sin siquiera pestañear, una puñalada y todo lo que me hacia especial se fue escurriendo, la tierra fue absorbiendo mi sangre que brotaba lentamente de mi muñeca izquierda. Sentía como la fuerza de muchas brazos me sostenían.

Sigo sin entender la lógica de toda esta situación ¿Qué querían de mí? Si éramos la misma cosa, una misma figura conectada unos con otros como perfectas aristas ¿Por qué acabar conmigo? ¿Qué era eso que debían eliminar? “Eres un peligro para nosotros”, esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, luego la noche reventó en un ruido doloroso, si hubiera sido una persona normal, habría confundido todo ese estruendo y luces como una tormenta, mas sabía que no era así, alguien lo estaba provocando, alguien que entre el caos llegó a mi mente con una voz de hombre clara y precisa… ¡Corre!.

La tira del vestido que rodea mi muñeca está totalmente roja, de vez en cuando veo como pequeñas gotitas de sangre van quedando entre las hojas de este cuadro interminable. Todo empieza a darme vueltas, lucho por mantenerme despierta, sin embargo el cansancio físico y psicológico es mucho más fuerte y cada vez me empuja más a la oscuridad. Ya perdí la cuenta de las veces que he tropezado, cuantas ramas han quedado marcadas en mi piel. Avanzo un par de metros y mis piernas dejan de responderme, siento como el olor a humedad llega hasta mi cabeza, tanto que puedo saborearlo.

Poco a poco el cielo empieza a iluminarse con los rayos del sol y con ello mi miedo va disminuyendo, de alguna forma me he resignado que aquí acabará todo, por lo menos la vista vale la pena. Nunca había tenido tanto sueño en mi vida, sólo quiero cerrar los ojos y fantasear con algo bonito, pero por alguna razón aguanto un poco más, deseo ver el amanecer una última vez, necesito creer que nada ha cambiado, que sigo en este lugar con las personas que creía mi familia, disfrutando de la magia de aquellas mañanas, de su energía y el misterio de sus rayos atravesándome la piel, iluminando mi cuerpo para revivir lo que ya estaba muerto.

La luz desaparece por completo, pero yo sigo despierta o eso creo, quizás así se siente morir. Una silueta se acerca a mí, siento su tacto frío en mi mano izquierda y luego en mi mejilla, poco a poco va tomando forma y puedo distinguir un rostro a unos centímetros del mío. Siento el calor de su respiración en mi cuello y con ello compruebo que no pertenece a nadie que yo conozca, al parecer ese poder sigue conmigo a pesar de estar desvaneciéndome. Comienzo a flotar a través de este bosque que un día fue mi patio de práctica, escucho una voz que entra a mis oídos como un susurro, parece una música que ayuda a endulzar mi último recuerdo antes de partir y así lentamente me voy abandonando hasta llegar a donde sea que vayamos después de esta vida…

• No recorrí todo este maldito país para que te mueras aquí y menos en mis brazos. Aguanta un poco… Por favor

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