Historias

Profundo y oscuro

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La vida al fin le estaba funcionando. Aquella historia era sólo parte de su pasado, un relato para una pésima adolescencia, incluso el miedo es hoy como un chiste contado muchas veces y que pierde su gracia. Ya no tiene que acurrucarse en una esquina mientras espera que su locura y desesperación se esfumen. Se terminaron esas noches eternas mirando a través de la ventana y las mañanas con los oídos puestos en que aquel teléfono polifónico vuelva a sonar.

Pero nada dura para siempre… Y él nunca tuvo planes de dejarla.

“Un poquito de magia en la lengua, luces en el cerebro y música que presiona al máximo el momento, podría pasar horas así, me gusta respirar la cima, esa que puedo tocar y que me pertenece. Como dicen por ahí, cuando llegas al fondo no te queda más que subir y yo… Bueno yo viví muchos años allí y tengo cero intensión de volver o mejor dicho, de dejar que alguien me lleve hasta lo profundo. Ésto es mío, lo construí con los pedazos que quedaron, que dejaron de mí.”

Son las 5:20 de la madrugada, Victoria sale lentamente del local haciendo tiempo para que su amiga la alcance. La conoce hace siete años y a estas alturas ya se acostumbró a su poca tolerancia con el alcohol. Mientras espera conversa con el guardia, ése que unos meses atrás le dio la bienvenida y que hoy es significado de entrar gratis al “Sótano 15”, algo bastante útil teniendo en cuenta que la entrada cuesta $13.000. Él la invita a su departamento, pero ella ya tiene un plan mejor.

La ciudad ya va tomando los tintes de una capital, las conversaciones de la gente, el ruido de las micros; el olor a café y sopaipillas impregnas las calles provocando que el estómago de su amiga vuelva hacer erupción, una pobre moto sufre las consecuencias. Victoria la ayuda a levantarse mientras hace parar un taxi, con más esfuerzo del que esperaba logra sentarla dignamente en la parte de atrás.

“La neblina no me está ayudando a llegar a mi destino. En estos momentos es cuando odio el invierno, a esta hora en verano sería todo sol y sonido de pájaros, en cambio ahora lo único que tengo es una visión de medio metro, un viento que no hace otra cosa más que dificultar mi caminata y por consecuencia acorta mi tiempo con Ricardo.”

Está a sólo unos metros del edificio de su ex, cuando siente ese aroma, tan fuerte y penetrante que pica la nariz, como alcohol embotellado hace muchos años atrás. Se para en seco e intenta identificar el origen de aquel olor, pero lo único que hay a su alrededor es una nebulosa gris.

El corazón comienza a golpear su pecho y por más que intenta no logra moverse, cierra los ojos como esperando que todo desaparezca. Los recuerdos revolotean en su cabeza, las imágenes se presentan ante ella sin poder detenerlas… Todo ha salido de su caja de seguridad, el miedo, los deseos de morir en ese mismo instantes, de llorar hasta quedar sin energías, nada de lo que creyó olvidado y superado se ha eliminado. Lo tiene en frente en algún lugar a menos de cinco pasos a la redonda.

“Por qué ha vuelto, qué quiere de mí. Ya no soy esa pobre niña solitaria, se supone que ya no le sirvo. Me atormentó lo suficiente, jugó con mis demonios hasta hacerme perder la cabeza. Me dijeron que era sólo su ratón de turno, una fascinación que dura hasta que encuentra a alguien nuevo para divertirse.”

Todo alrededor se ha apagado, pasó a una dimensión paralela donde sólo escucha como él se va acercando, cada paso más lento que el anterior mientras el olor la asfixia. Se siente mareada y cuando cree que ya no podrá sostenerse éste roza su cuello con su respiración. Está tan cerca, tanto que lo siente dentro de ella. Luego unos dedos ásperos se introducen en su nuca haciendo que en cualquier momento deje de ser consciente del asco que le produce.

La rodea hasta quedar frente a frente, Victoria mantiene los ojos cerrados luchando para no desmayarse.

“Me tiemblan las piernas, me duele la cabeza y su hedor me dan ganas de dormir, pero no puedo volver a caer en esa oscuridad, sé que esta vez no habrá forma de juntar mis miserias y salir a la superficie. Si tan sólo pudiera abrir mis ojos y enfrentarlo, de decirle que soy dueña de mi vida… Lo haré… Sí, eso haré”

Poco a poco su vista se va acomodando a la falta de luz y con el valor que ha ido acumulando en estos años de normalidad intenta enfocarlo. Su sombra se va transformando en una silueta, una conocida.

Como si tuviera sus oídos llenos de arena escucha un eco de aquella voz, una que la invita a dejarse llevar, a aceptar el futuro, a dejar de luchar con una falsa idea de creerse secuestrada. Una que la empuja a rendirse…

– Victoria… mi propia victoria

Su nombre es sus labios la envuelve, la deja sin salida. Se acabó. Viene por ella y esta vez no dejará que se le escape. Victoria se deja caer y él logra atraparla. La observa por unos segundos, tan indefensa al igual que esa vez, le dedica una sonrisa de satisfacción, ella siempre le ha pertenecido. La toma en brazos y avanza lento por aquella espesa neblina…

Los minutos han transcurrido y esa nebulosa oscura se ha ido disipando hasta desaparecer por completo… Al igual que Victoria.

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