Historias

Tiempos de niebla

tumblr_m56ro2XS3T1r61ap3o1_500_largeLas microscópicas gotas de rocío me atraviesan la piel, cada parte de mi cuerpo protesta, pero yo sólo sigo caminando como si fuera un cálido día de primavera. El dolor físico me ha hecho olvidar el motivo por el cual salí corriendo.

Respiro la humedad de la madrugada, la noche tiene ese aroma a libertad. Por primera vez en mucho tiempo me siento dueña de mi misma, ya no existen las voces que me ordenan que hacer y que decir. Las enfermeras con sus “buenos días” se han esfumados y aquel hombre con grandes ojos negros ha dejado de analizarme. Todos ellos han quedado atrás.

Miro hacia arriba y veo como lentamente la neblina comienza a tragarse la ciudad, es como una metáfora de mi vida de aquel día en que el mundo me engulló por completo o eso es lo que intentan hacerme creer. Cuando pienso en aquello vuelvo a sentir el sabor metálico en mi boca, me transporto en un segundo a esa habitación de motel a las afuera de la ciudad y con ello regresa la misma sensación de cansancio, de querer cerrar los ojos y dormir por siempre, mas como dicen lo bueno no dura para siempre. Unos rostros distorsionados me traen de vuelta. Cada uno debería hacerse cargo de su propia mierda y manejarla como se le dé la gana, no sé por qué terceros tienen que joder. No sé por qué me tiene que joder.

Ahora recuerdo la razón de haber corrido diez cuadras sin parar, de lanzarme de vuelta a la realidad en un vestido blanco, sin zapatos y con una noche de invierno que ahuyentaría hasta el más valiente, y no es que yo lo sea, a mí sólo me alcanza para suicida y por eso sigo aquí, a paso firme. A pesar de mi situación actual no me lamento, de lo contrario. Doy gracias de volver a sentir algo, cualquier cosa: frío, miedo, terror.

Perdí la cuenta de cuanto tiempo llevo encerrada en ese lugar, tanto así que mi consciencia se fue a divagar a quizás donde y que esta avalancha de sensaciones son un regalo, me traen de vuelta y con ello los recuerdos toman su lugar en mi pasado, ese que fue causante del destino que tengo en frente, borroso como esta maldita neblina que no me deja ver el encanto de un amanecer que se avecina. Las imágenes llegan cargadas de ti y de todas esas malas decisiones que tomamos, empezando por la tuya.

Que extraño, el frío ya no tiene efecto, no siento nada, es como si se hubiera dormido o fuera inmune a los grados bajo cero. Sin embargo, traerte a mi mente hace que todo vuelva a doler, desde dentro hacia fuera. No puedo seguir caminando, las rodillas se me doblan y caigo pesadamente al suelo. No veo ni escucho nada de nada, es como si estuviera entre nubes. Flotando.

Comienzo a dejar esta sensación de liviandad, la voy reemplazando por flashback de nuestros encuentros, algunos son tan vividos que quisiera quedarme en ellos, en especial en esos momentos en el cual ninguno de los dos veía lo dañado y quebrados que estábamos. Si bien esas rutinas de gente normal que intentábamos emular eran un fraude, en algún punto me sentía feliz, creía en todas esas estupideces que el mundo te vende. Jugábamos a encajar. Pero la mochila llena de porquerías que cargábamos nos alcanzó. Te alcanzó. Ni siquiera en estos instantes donde sé que al fin podré tocarte dejo de preguntarme ¿por qué?.

Sé que una vez me dijiste que me veías teniendo una vida tranquila, normal, común y corriente, pero que no sería contigo, ya que tú no tenías ninguno de los adjetivos que yo merecía. Todavía le doy vueltas a esa mierda de discurso barato que intentaste darme a modo de despedida y sigo sin entenderlo. Espero que ahora que ves todo de otra perspectiva puedas darte cuenta de tu error. No existía ni existe normalidad alguna que pueda compararse a lo complicado y turbulento de tu ser. Y no existe felicidad o cualquier sinónimo de ésta que pueda competir con un despertar al lado tuyo. Jamás me importaron los adjetivos, sólo me preocupé de conjugar bien un verbo. Amé, amó y seguiré amando tus complicaciones, tus miedos y todas esas aquellas buenas y malas decisiones que tomaste, incluso esa en la que me dejabas aquí, sola.

Si creías que un frasco de píldoras amarillas podrían alejarme de ti te equivocaste. Ni siquiera esa clínica con olor a desinfectante barato te han podido sacar de mi cabeza y ahora sea donde sea que estés tendrás que aguantarme, porque te encontraré y esta vez serás tú quien tendrá que amar mis demonios, ya que no tienes ni idea de lo que ha significado llevar una vida “normal” sin ti en estos cuatro meses.

 

 

 

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