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La balanza

Damon-Stefan-Elena-damon-salvatore-14458468-650-391Respiraciones entrecortadas que siguen un ritmo armonioso, una ansiedad que quiere sólo acabar y un nombre de origen extraño en los labios que repite una y otra vez. A ella le gusta decirlo y a él le gusta como suena con su voz.

– ¿Qué cambió? – Le pregunta él

– ¿A qué te refieres?

– ¿A ésto? – Y hace un gesto para señalar la situación en la que se encuentran enredados. Entrelazados.

– ¿Sexo? – Ella le dedica una sonrisa que es aceptada de vuelta

– Bueno también, pero me refiero a todo lo demás. A las mañanas juntos, los paseos en bici, ir de la manos en el metro.

– ¿No estás cómodo?

– Por supuesto que estoy cómodo, incluso más de lo que creí, teniendo en cuenta que nunca esperé todo esto. Por eso te vuelvo a preguntar ¿Qué cambió?

– Nada. Aunque no lo creas siempre estuviste

– ¿Y por qué no estuve desde un principio? ¿Por qué no es él quien está aquí ahora?

– Por una mala elección. Por dejar que la balanza quedara a su favor con sentimientos erróneos, sentimientos confusos.

– ¿Y en qué momento esa balanza se inclinó hacia mí?

– Cuando escarbé en su interior, cuando me introduje en sus deseos y no encontré nada, sólo había vacío. Hueco. Sin materia ni sustancia.

– Osea que si él hubiese sido distinto yo no estaría aquí. Me estás diciendo que tengo que darle las gracias por no cumplir tus expectativas… En resumen fui la segunda opción – Una mueca de disgusto se dibuja en su rostro

– Estoy consciente de como suena todo esto, pero no es tan frío ni egoísta como crees. Fui detrás de aquella química, esa que se da cuando no conoces a la otra persona. Sin embargo mientras pensaba en él, tú aparecías como ráfaga en mi mente y te bloqueaba. Le restaba importancia a lo mucho que me hacías reír, a las ganas que me daban de abrazarte, a las conversaciones que teníamos. Todo lo que tú me producías lo intentaba borrar con la idea de que con él había algo más. Pero me equivoqué y no necesité ni tiempo, ni análisis de nada para saberlo. Bastaron 15 minutos para que esa balanza se fuera a la mierda y que tú te quedarás con todos mis deseos y sentimientos.

– No me esperaba esta respuesta

– Esa es mi verdad. Directa, pero sincera. Y no puedo obligarte a quedarte conmigo si sientes que eres mi segunda opción o que quizás crees que estoy jugando a ver quien me sirve más. Porque no es así… Siempre fuiste tú y lo sigues siendo.

– Lo sé. Pero necesitaba preguntar, tenía que escuchar de tus labios que sucedió en todo este enredo… En el fondo sabía que estabas conmigo completamente y no a medias ni por descarte.

– Bueno, si necesitas escuchar alguna otra cosa fuerte y claro, tú sólo pregunta y ya está – Ella le entrega una mirada coqueta

– Mmmm creo que se me ocurre un par

La toma de la cintura reduciendo por completo los centímetros que los separaban…

 

 

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