Historias

Una Noche

Un sonido lento, pausado, con un ritmo que permite hacer algo más que

un movimiento casual, simple, normal. La habitación tiene un claro tinte marrón, con 

toques blancos y negros. El aroma a perfume deja que la imaginación juguetee con ambos.

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Hoy no fue imprescindible embellecer el momento con alcohol, Esta vez sólo necesitó de aquella química que explotó al cruzar las miradas y de una conversación que llenó todos los espacios que otras noches eran propiedad de un vaso de Jack Daniels.

Lentamente el ambiente del bar se va transformando, se respira madrugada. El cuerpo sabe que en unas horas saldrán los rayos de sol y con eso van aumentando las ganas, la atracción, y el deseo va tomando terreno. Sus labios experimentan con los de ella, es la invitación inequívoca a dar un paseo por las calles llenas de rocío y con el amanecer en el horizonte.

A unas cuantas cuadras del departamento de él ambos comienzan a probar lo que será el plato de fondo y en un pasaje de restaurantes estilo francés la atmósfera es perfecta para un par de arrumacos romanticones, mientras que la vereda pavimentada de pequeñas baldosas de cemento dan la sensación de retroceder en el tiempo. Es un efecto agradable se dice ella, una noche cualquiera va a terminar diferente.

Éste cierra la puerta sin dejar de mirarla, entretanto ella le dedica una sonrisa coqueta. Sin preámbulos a seguir llenando silencios se dan a la tarea de desnudarse uno al otro; torpemente van avanzando por el pasillo hasta llegar a la habitación, antes de continuar él abre su computadora y presiona play a la lista de reproducción del iTune.

Un sonido lento, pausado, con un ritmo que permite hacer algo más que un movimiento casual, simple, normal. La habitación tiene un claro tinte marrón, con toques blancos y negros. El aroma a perfume deja que la imaginación juguetee con ambos.

La piel se manifiesta al roce de los dedos, se eriza, se tensa, van quedando huellas que los besos van siguiendo hasta llegar al origen del placer. Así una y otra vez, suave y lento, de un lugar a otro, de una forma y otra se repite aquella danza. La ventana ha quedado borrosa, ya no hay día ni noche que llegue a interrumpir el momento, los protagonistas están inmersos en el mundo del descubrimiento, ese que se lleva a cabo sin hechos, sin relatos, sin deseos futuros.

Como niños que acaban de jugar todo el día caen rendidos. Ella deja salir los últimos suspiros de cansancio y algo más, mientras él la recibe sin objeciones. Esa es la escena final que queda en sus retinas.

La mañana entra amenazadora en aquel dormitorio. El sonido de la ciudad en plena faena, junto a los rayos de sol van trayendo de vuelta a la mujer que hace un par de horas salió a regañadientes con sus amigos a tomarse unos tragos al bar de la esquina. Intenta acostumbrar la vista a la desconocida panorámica que tiene en frente y automáticamente los recuerdos recientes le asaltan la conciencia, sólo le bastó girar su cabeza hacia la derecha, y allí estaba esa espalda perfecta que la invitaba a recorrer, pero como no era primera vez que estaba en esta situación, sólo se dignó a respirar profundo, levantarse sin hacer ningún ruido y en puntillas salir de aquella habitación y desaparecer como siempre, transformando esa noche en cualquier otra.

 

 

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