Historias

Efecto Colateral

descargaEl olor a invierno impregnó la noche. La niebla baja lenta y densa hasta dejarme ciega. Quisiera que ese vapor se metiera en mi cabeza y confundiera mis recuerdos, que borrara mis últimos momentos, que lavara mi culpa y me dejara en blanco, sin él, sin ella y sin mi decisión de solucionar todo a mi manera.

El parque ha desaparecido de mi visual, no lo lamento ya que ni de noche logra ser digno de admirar. Sólo un par de bancas y un césped  amarillo que se extiende por cuatro cuadras. Sigo manteniendo el ritmo de mi caminata, una por la adrenalina que aún revolotea en mi piel, otra por el frío que se escabulle entre mis ropas y, porque son las cuatro de la mañana, la hora perfecta para que la ironía llegue a sorprenderme, indefensa.

Me quedan cinco cuadras, osea unos diez minutos más de tener que luchar con aquellas imágenes de sangre, odio, gritos y placer. Prometí no volver a caer, pero el patrón se repite una y otra vez y yo reacciono a ese patrón de la misma forma. Así fue hace nueve años, cuando descubrí mi método de “paz interior” y así ha sido desde entonces.

Ahora todo es peor, no sólo lo tengo a él carcomiéndome la consciencia, sino también a los demás. Llegan a mi con su ola de reproches, de gritos convertidos en ecos hasta susurrar mi nombre. Quiero que cierren la maldita boca, que se vayan con su forma fantasmal a fastidiar a alguien más. Pero para que mentirme, eso no es posible, debo afrontar el efecto colateral, al fin y al cabo fui lo último que vieron.

Estoy a un par de metros de mi destino, ese que me escondió durante once meses. Me gustaba el ambiente que tenía aquella casa. Me hubiera encantado establecerme al fin en un lugar y ese era perfecto, mas como no puedo controlarme, tengo que volver a partir. Ya sé los pasos a seguir, tanto tiempo practicándolos que es como ir al baño y lavarme los dientes. Mi mochila de emergencia está preparada, al igual que algunos documentos esenciales.

Me cambio de ropa y meto en una bolsa de basura la evidencia de hace un par de horas en aquel departamento con esos dos seres que ya no existen. Respiro profundo, su rostro pasa como una ráfaga y me hace tambalear unos segundos, siembra la duda, inserta la idea del dar un giro, de tomar otro camino. Me restriego los ojos y golpeo mi cabeza con la intensión de lograr que se esfume todo aquello. No quiero parar, no cuando todavía está la semilla de la esperanza, agazapada en algún lugar de mi tan deteriorada alma. Esa que me dice que llegará esa persona…

No tener nada personal en esta habitación me facilita mucho más la tarea. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que hice algo mío, algo que durará un poco más que un charco de sangre sobre una alfombra. Lo único que me pertenece son mis recuerdos y sin embargo es lo que más deseo eliminar. Bloquear. Borrar. Desaparecer.

Me miro al espejo, Dios como me encanta ese espejo de pared, grande, blanco con diseños circulares. Lástima que no pueda llevármelo. Observo mi rostro y a veces creo que éste me delata. Que cada gesto, cada arruga juvenil le grita al mundo lo que soy. Es como si el negro de mis pupilas tuviera escrito el nombre de cada uno de los hombres que he asesinado. Me acerco un poco más a mi propio reflejo y este no puede esconderse, no puede mentir. Me devuelve el golpe de mis verdades.

Con las yemas de mis dedos rozo ese panel transparente, sigo el contorno de mi interior y nuevamente las escenas del pasado vuelven, se materializan en aquel cristal. Tengo quince años y un empujón “accidental” es el inicio de mi propia creación. Luego llegan los colores de una droga, el filo de un cuchillo, el aroma a mar abierto, el sonido de un motor y finalmente un “no” ahogado en todas esas gargantas.

Siento mi voz salir de mis entrañas, con un “basta” lo suficientemente fuerte para traer el mundo real a los cimientos de aquella casa. Aprieto el puño y golpeo con el mismo enojo de hace un rato ese espejo, ya no me parece tan bonito. No necesito que la locura que mantengo a raya venga a joderme mis instintos ni mis deseos y menos que tengan el descaro de aparecer en mis reflejos.

De algo tengo certeza… Debo aprender a apagar el murmullo de mi paranoia.

Anuncios

4 comentarios sobre “Efecto Colateral

  1. No puedo decir que la historia que impulsa este sentir es igual a la mía, pero estoy seguro que me identifico con lo que esa historia ha generado… Un sentir que me ha inspirado tanto como a vos. Esto ha sido excelente. Bravo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s