Historias

Perdida

La noche se adueñó de la situación. Los recuerdos de una vida pasada desaparecen con los rayos de sol.

Ella camina por los mismos pasillos de adobe con la esperanza que en cada una de las habitaciones encuentre los colchones vacíos. Siempre desea lo mismo y siempre se decepciona. Sus fuerzas y su visión han empeorado con las drogas, pero en vez de lamentarlo, lo agradece. Ya no tiene que pasar por la nauseabunda experiencia de saber lo que sucede con ella, lo que hacen con ella y quienes lo hacen.

Tambaleando ingresa a la pieza que le designaron. Apoyado en la ventana con un cigarrillo entre su dedos está la persona que todos los viernes por la noche le dice “eres mi favorita”; a estas alturas ella también lo considera de la misma forma. A pesar de los largos meses olvidándose, existe un terror que nunca a logrado dominar y sus compañeras tampoco, el tener que darle la “bienvenida” a nuevos clientes. Con ellos nunca sabes si saldrás viva o partida a la mitad.

El juego siempre es el mismo, no hacer nada y dejar que la imaginación corra por parte del hombre con aliento a tabaco. Las primeras semanas intentaba suavizar el momento trayendo los recuerdos felices junto a Santiago, pero lo único que consiguió fue ensuciar su rostro con toda esa mierda que la tocaba todos los días. A veces se pregunta si las promesas adolescentes se hubiesen cumplido, si todas las conversaciones hubieran dejado alguna huella en el futuro de ambos, hay ocasiones que se pregunta cual hubiera sido su vida, sus decisiones, sus fracasos…

Permanece inmóvil, esperando que el castigo pase lo más rápido. En un principio la sobredosis de sustancias cumplían su objetivo y lograban llevar su conciencia a otra realidad, mas ahora lamentablemente ha llegado al punto en que se ha hecho inmune a sus efectos. Hoy está en la fase que toda su verdad se intensifica, se hace horrorosamente más cruel.

Como un perrito que cumple la orden de su amo ella recibe su recompensa, unos gramos más unos menos, ella lo ve como el boleto para ingresar a la siguiente puerta. Han pasado tres horas y aun le quedan cuatro camas por recorrer, cuatro motivos para querer morir en el acto.

La luna atravesó todas sus fases y ella experimentó todos los deseos ajenos. Lucha con el cansancio de su cuerpo, quiere aguantar unos minutos más, quiere tener el único instante de felicidad que le queda. Sus ojos están hinchados, su piel perdió el color carmesí de antiguos veranos y sus labios se dividen como piezas de rompecabezas, pero aun así su alma guarda la sensación de sonreír con los rayos del amanecer que atraviesan las ventanas con rejas y sin vidrios.

Ese es su momento final, cuando se deje vencer para siempre quiere tener como última imagen la esperanza que conlleva un nuevo día.

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