Alter ego

Para los días de mierda

Sentarse en aquella barra a la una de la madrugada son una de sus mejores forma para olvidar los días de mierda. Siempre se dice a si misma que la única cosa que ha hecho bien durante este año es irse a vivir al lado de un bar que funciona las 24 horas.

Es jueves y el local está prácticamente lleno, entre las risa y los gritos suena Heartbreaker de Grand Funk Railroad, piensa en lo acertado del tema, pero como detesta que alguien le diga lo que siente, está comenzando a odiar la cancioncita y su letra que parece una radiografía sacada de sus entrañas. Agradece que Andrés, el encargado de los tragos la salve de sus lamentaciones, aunque sabe que tampoco le puede dar mucha cuerda; desde que le pidió por primera vez un vodka él ha estado interesado en ella.

En su quinto vaso la voz de Andrés se va haciendo más soportable, al séptimo ya le dedica toda su atención o lo que le queda de ella y acepta seguir la conversación en una mesa cuando éste termine su turno. Luego de unos minutos él aparece por una puerta y Elizabeth queda sorprendida con lo distinto que se ve sin el uniforme y sin tener una barra de por medio, o quizás el alcohol en su cerebro estaba en la etapa de convertir sapos en príncipes. Comienza a reír al pensar en ello.

Había olvidado los motivos de por qué había llegado allí, ahora lo único que rondaba su cabeza era la idea de descubrir las palabras de Andrés; cree que no será problema traer a escena su lema de “dejarse llevar”. Cada frase era un centímetro menos de distancia, cada sonrisa era una promesa de algún beso y cada mirada era la certeza de tener “tacto libre”.

Las cuatro de la madrugada y ambos están a la par con los grados de alcohol en el cuerpo, lo que lleva a que los dos quieran la misma cosa, el remate de la noche es deseado de igual manera y ella no da rodeos ni permite más charlas de relleno, un “sígueme”, al oído de Andrés y listo.

Elizabeth se levanta de la silla, le entrega una sonrisa coqueta al hombre que la sigue con la mirada y camina con total naturalidad hasta el baño. Se mira al espejo mientras juguetea con su cabello, en eso alguien entra por la puerta; sin voltear vuelve a dedicar una sonrisa… Una que contiene toda la imaginación que quiere hacer realidad con él. Andrés comienza a dar pasos cortos hasta llegar a ella, no dejan de mirarse, estaban a un impulso de dejarse llevar, pero Liz le hace el quite y se dirige hasta la salida; desde allí ve de forma divertida como la cara de él va evidenciando la decepción de aquel último movimiento.

Le encantaba la imagen de la que era testigo, pero disfrutaba aún más el rostro de Andrés, ese que era abatido por la confusión y el sentimiento de no saber que hacer, por suerte Elizabeth sabía perfectamente lo que quería, a que si cierra la puerta y le coloca el seguro. Al segundo después se quita la blusa y se concentra en el jueguito que tanto la ayuda a olvidar esos días de mierda.

Anuncios

4 comentarios sobre “Para los días de mierda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s