Historias

Olvido de Stolichnaya y Late Harvest

Recordar los últimos días es la motivación perfecta para no soltar la botella. Un vaso tras otros, sin perder el ritmo y con eso ir dejando en imágenes borrosas las pésimas decisiones que ha tomado entorno a él.

Un par de “perdóname” le derrumban todo su discurso de mujer empoderada, reduciéndola a otra con escasas ganas de seguir sin las pesadas caricias que aquel hombre le entrega. No lo culpa porque ella responde de tal manera que a estas alturas el jueguito ya le gusta.

El Stolichnaya se ha reducido a unas cuantas gotas que caen dudosas al vaso, maldice por sentir todavía la angustia de los recuerdos, está en esa fase en donde todo está desordenado en su cabeza y el dolor va tomando colores más fuertes, tanto que esa sensación pasa al corazón terminando en todo el cuerpo.

Decide abandonar su cómodo asiento en el balcón para ir por más “agua bendita” que cumpla la función de hacerla olvidar, lo único que encuentra es un vino blanco Late Harvest, que mejor manera de apurar el cometido que mezclar varios tipos de alcohol, este pensamiento la hace sentir optimista y deja salir una disimulada sonrisa. Saca una copa y vuelve al lugar que desde el piso 28 le entrega una vista cegadora de la capital.

Ella cree que ambos son como imanes, desde un lado se atraen de tal forma que se arrancan la piel para tener un poco más, pero que del otro se repelen al extremo de querer la muerte para no sentir el aroma de sus cuerpos. Al quinto trago de vino está deseando la parte en la que necesita respirar a través de los poros de él, le gustaría llamarlo, sin embargo sabe que la noche anterior cruzaron una linea imperdonable.

La adrenalina de los gritos, la energía que se fundía al estar tan juntos y luego los manotazos por partes de los dos llevaron a que ella quisiera dar por terminada la discusión con cuchillo en mano y un corte en la mejilla derecha del hombre que decía amar. La escena de lo que provocó terminó por ahogarla más en sus culpas y lamentos; le ruega al líquido que bebe directamente de la botella que haga callar las voces, le suplica que deje su cerebro en negro, pero por más que lo intenta sólo intensifica lo que quiere eliminar.

Se agarra de los pelos, como creyendo que quizás eso ayude; la ira le quema cada milímetro de su interior; toma la copa y la lanza contra el piso; comienza a respirar cada vez más rápido; aprieta sus dedos contra sus muslos hasta hacerlos sangrar, cuando era niña el dolor físico la ayudaba a calmar el dolor del alma. Rasguños y el rostro de él, en eso se ha reducido casi tres años de relación y se da cuenta que no quiere más.

Con las uñas llenas de carne y sus piernas rojas de ardor y sangre comienza a caminar, sus pies están desnudos y los pequeños vidrios van rompiendo sus talones. Con ambas manos toma la barandilla del balcón, le agrada la sensación helada que recorre su cuerpo; fija su vista en lo hermoso de la ciudad, todas esas pequeñas luces la invitan a dejarse llevar.

Sus piernas cuelgan del piso 28, deja de aferrarse al fierro de seguridad y abre sus brazos; siente como la brisa de la madrugada se va llevando lo que tanto ha querido suprimir; experimenta por primera vez en su vida lo que es sentirse liviana de odios, penas, recuerdos y culpas; cree que al fin está conociendo lo que es la libertad… Al fin su mente está en negro.

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2 comentarios sobre “Olvido de Stolichnaya y Late Harvest

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