Historias

La oportunidad

No está soñando nada en concreto, sólo hay colores y formas que se deshacen cuando su cuerpo lo empuja a renunciar a la placidez de estar dormido, su organismo necesita eliminar cada vaso de alcohol ingerido la noche anterior. Poco a poco va obedeciendo a esas ganas inaguantables de ir al baño, lucha unos minutos más y se rinde. Con cada parpadeo sus ojos se van acostumbrando a la luz, luego de unos segundos ya está totalmente consciente, mas al mirar al lado de su cama lamenta profundamente haberse despertado.

Su primera reacción: tomarse la cabeza en señal de que acaba de cagarla; de todas las mujeres que estaban en aquel bar, tenía que traer a su cama justo a ella y lo peor es que no recuerda como sucedió toda la historia. Las necesidades de su cuerpo pasaron a segundo plano, ahora sus ojos están pegados al techo luchando con la nebulosa que tienen sus recuerdos. Vuelve a mirarla, su espalda descubierta llena de pequeñas estrellas color café claro le impiden seguir con su misión de hacer encajar los retazos de imágenes en una sola diapositiva.

Se prometió, le prometió que nunca abusaría de sus sentimientos para convertirla en una más del montón. Él la quería de todas las maneras existentes, excepto una, mientras ella se conformaba con el papel de mejor amiga manteniendo siempre viva una chispa que creía ver en él, pero que no se atrevía a transformar en una llama.

Intenta salir de la cama, pero cuando se estaba quitando las sábanas, ella se voltea. Antes sus ojos está el rostro de una chica totalmente distinta; muchas veces durmieron juntos después de algún carrete, creía conocer las facciones de aquella mujer cuando estaba dormida. Sin embargo, la escena que está presenciando no tiene ninguna similitud a las ya conocidas; nunca la había visto tan mujer.

Ya no quiere levantarse, de lo contrario se acomoda nuevamente en la cama, esta vez queda de frente con esos labios rosados que muchas veces rosaron su mejilla. Lo que ve le gusta, pero eso no hace más que acrecentar su culpa. Siempre termina igual, ella da un paso más que él, uno que al final siempre termina amando y él nunca logra llegar a la misma distancia.

Con los dedos de su mano derecha comienza a seguir el camino que hacen los rayos de sol en el hombro de su amiga, va y vuelve una y otra vez, piensa que podría estar horas haciendo ese recorrido, siente como su cuerpo quisiera acoplarse al de ella, desea poder experimentar con todos sus sentidos despiertos el roce de su piel pálida contra la de él, se da cuenta que está teniendo unas locas ganas de tenerla sólo para si, que entra en pánico. Tiene miedo de lo que ella querrá al despertar, lo más probable sea que quiera salir corriendo de su lado, reprochándole que no haya cumplido su promesa; la sola idea le revuelve el corazón.

No le quita la mirada, como creyendo que si lo hiciera perdería todo lo que ha experimentado hasta ahora, tiene la esperanza que su cuerpo a contra luz y sus cabellos castaños le traigan de vuelta esos momentos que el alcohol se llevó. Estaba perdido en busca de los besos olvidados cuando unos ojos color miel lo trajeron bruscamente a la realidad.

– Buenos días – Le dice él mientras ella lo queda observando en silencio, sin mover un músculo. Luego de un rato ella respira profundamente y se sienta en la cama. – Lo de anoche… Yo – Insiste él intentado explicar todo el torbellino que tiene en la cabeza, pero por sobre todo, el sentimiento que despertó con su piel desnuda.

– No digas nada, de verdad no es necesario – En su voz no había reproche, todo en ella era resignación y tristeza.

– Yo sé que te prometí algo…

– Y lo cumpliste – Le dice ella, mientras se levanta y se coloca el vestido sin mirar en ningún momento al hombre que la observa con cara de interrogación.

– Déjame explicarte…

– ¡No, basta! Mira a pesar de todo agradezco lo que sucedió anoche, creo que si no hubiera dado el paso nunca hubiese podido aceptar la realidad que tú tanto me recalcas, que soy tu amiga y que jamás podrás sentir otra cosa. No te voy a negar que el rechazo no se siente bien, es bastante humillante y más si viene de ti, pero me ayudó a decir que, hasta aquí llego yo. Me rindo. – Al terminar de hablar sus ojos comienzan a ponerse cristalinos.

– ¿De qué estás hablando? ¿Entonces no tuvimos sexo? – Le pregunta él totalmente confundido.

– No. Ni siquiera borracho logré hacerte sentir algo – Le contesta con un nudo en la garganta que le impide hablar con normalidad. Al verla así llega rápidamente hasta ella, toma su cara entre sus manos.

– Las cosas han cambiado, mira… – Ella lo interrumpe zafándose violentamente de él.

– Ni se te ocurra darme un discurso de lástima, lo último que necesito es tu pena – Recoje  sus zapatos y su cartera y se dirige hasta la puerta, él intenta detenerla, quiere hablarle sobre lo que sintió cuando la vio a su lado, necesita contarle lo que le estaba pasando, pero ella se encargó de dar por finalizada la conversación – Tranquilo, no me voy a morir por esto ni nada, tampoco te tienes que sentir culpable, sólo quise agotar mi última carta. Ahora puedo empezar la relación que me merezco con el hombre que siempre me ha esperado, como yo lo he hecho contigo. La oportunidad que no pudiste darme tú yo se la daré a él… Adiós.

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