Historias

Los hijos de Zuassagoitía V: Victoria

* Al pie de página están los enlaces para los capítulos anteriores

Tamara no hace otra cosa más que correr y correr, su cabeza es un torbellino; las imágenes de Valentina su amiga muerta a manos de Ricardo; su padre siendo quizás el responsable de todos los activados; Francisco siendo golpeado y de ella asesinando a una persona la estaban volviendo loca, pero sus pies seguían firmes y cada vez corría más rápido.

Lamenta no haber podido quedarse con él, pero Francisco le rogó que se fuera, que no serviría de nada todo lo que están haciendo si su padre se entera que está relacionada con la investigación, después de un rato se decide a dejarlo sin antes llamar de un teléfono público una ambulancia. Agradece haber llegado al lugar en el auto de él, pues caminar hasta el centro de la ciudad ha permitido que sus cinco sentidos vuelvan a su lugar.

El resto del día quiso mantener la mente ocupada, la escena de ella disparándole a un hombre le carcomía la conciencia y la tranquilidad, además las ganas por saber el estado de Francisco no le ayudaba en nada. Estaba inmersa un la búsqueda de más información cuando Ricardo entra de un portazo a la casa.

– ¡¿Sabes lo que acabas de hacer?! – Le grita tirando las llaves en la mesa donde ella trabajaba

– Por supuesto que lo sé, pero que querías que hiciera. Ricardo, lo estaban matando

– ¡Asesinaste a un chico de 17 años! ¡Mataste a uno de los míos!

– ¡Tú crees que esto es fácil para mí… No! Todo esto me está volviendo loca, mi padre, Valentina ¡Todo! En mi cabeza se repite una y otra vez el rostro de la persona a quien le disparé, la culpa me está ahogando ¿Qué crees? que lo hice por gusto, pues no. Era él o Francisco, lo siento pero opté por Francisco.

– Eres igual a todos los Zuassagoitía – Vuelve a tomar las llaves que tiró y se da media vuelta mientras ella se levanta de la silla

– ¿Qué hubieras hecho tú? – Le dice ella y Ricardo se voltea a mirarla

– Tu periodista no me interesa ni en lo más mínimo – Le da la espalda y sigue su camino hacia la salida

– ¿Y si hubiera sido yo? – Insiste Tamara. Ricardo se queda quieto y le responde sin darle la cara

– Siempre voy a salvar a mi gente… Tú no estás entre ellos – Camina rápidamente y cierra la puerta. Le dolió, esa última frase se le clavó en todo el cuerpo, siente que la lista de dolores cada día crece más.

Luego de dos semanas Francisco la llama para avisarle que ya está en su departamento. Desde que pasó el accidente en la casa de Rodrigo Villaseñor no ha podido dormir tranquila, las pesadillas la despertaban cada media hora y el resto de las horas lúcidas tampoco eran mejores, por lo que agradece poder tener a alguien con quien compartir todo esos sentimientos. Son cerca de las siete de la tarde y decide ir a ver a su compañero.

Él la recibe con entusiasmo y su sarcasmo de siempre, lo que permite que ella confirme que está del todo bien; inmediatamente comienzan a contarse todo lo sucedido, Tamara le relata lo que pasó con Ricardo y que desde ese día no lo ve, por su parte Francisco le explica como se salvó de todo el interrogatorio de la policía y las ganas de saber como murió el tipo que lo atacó.

– ¿Y te creyeron? – Le pregunta ella

– No mucho, pero no tenían de otra. Además un periodista que necesite una entrevista del Senador no es difícil de creer.

– ¿Crees que sigan investigando?

– De eso estoy seguro, yo les dije que no tenía idea de donde salió el tipo que casi me mata por lo que supongo que ellos deberán hacerlo calzar de alguna forma. Pero lo que aun no puedo creer es la reacción de Ricardo, o sea sé que no somos amigos ni nada, de hecho nos conocimos ese mismo día, pero eso no significa que se enoje contigo por intentar ayudarme – Él le toma las manos – Tamara si tú no hubieras disparado yo no estaría aquí, esta es la segunda vez que me salvas y te doy las gracias, te debo la vida – Ella le sonríe.

– Cuando las cosas se compliquen, por favor recuerda todo lo que me acabas de decir ¿de acuerdo?

– Créeme, imposible olvidarlo

El resto de la tarde la pasaron hablando de ellos, prefirieron descansar un poco de todo el lío en el que estaban metidos. Ella le contó sobre lo normal de su vida, su viaje a España y la pésima suerte que tiene en las relaciones de pareja; él le habló de su vida humilde con su madre y sus deseos de estudiar periodismo, sueño que cumplió gracias a una beca en la universidad. Quedaron de juntarse el fin de semana para ir al orfanato, ella cree que ser hija del dueño le puede abrir algunas puertas sin levantar sospechas y Francisco llegaría de sorpresa para que así nadie crea que se conocen.

Ya es media noche y Tamara va manejando en medio de la autopista, como nunca la carretera está vacía; va pensando en lo agradable que se siente conversar con aquel periodista, cuando siente que alguien la choca por atrás, fue un pequeño topón que la sacó de sus pensamientos, observa por el espejo retrovisor y ve una Subaru color negro que se aleja, ella decide pasar por alto y seguir manejando cuando vuelven a chocarla, esta vez más fuerte, tanto que pierde el control; luego de seis segundos logra frenar.

Se estaba reponiendo del susto cuando una mujer abre la puerta y la saca a empujones de su auto tirándola contra la segunda puerta, recibe un golpe en toda la parte derecha de la cara tan fuerte que le hace sangrar el labio, la mujer iba a rematarla, pero Tamara se le adelanta y la golpea.

– Miren, la hijita de papá se sabe defender – Dice la desconocida con una risita burlona y sobándose la mejilla izquierda.

– Eres uno de ellos

La mujer vuelve atacar, la toma del cuello y azota su cabeza contra la ventana del auto rompiendo el vidrio, Tamara intenta quitársela de encima golpeándola en el estómago, logra que la suelte y aprovecha para darle una patada en la rodilla derecha, estaba lista para dejarla tirada en el piso cuando alguien la golpea en la nuca con algo duro, ahora es ella quien termina en el piso totalmente mareada, siente varias patadas en sus costillas. Intenta enfocar la escena y ve a la misma mujer apuntándole con un arma, a su lado un niño quizás de 15 años; tiene ganas de vomitar, comienza a toser y de su boca sólo sale sangre.

– Mataste a la persona equivocada estúpida… A mi hermano – Le dice ella apretando la punta de la pistola en el pecho de Tamara que grita de dolor

Ella estaba a punto de desmayarse, pero el eco de una voz la hacen aguantar, se voltea lentamente y ve a un hombre bajarse de una moto gritando un nombre. – Victoria – o quizás no lo sea y es la palabra que utiliza para describir que está a punto de morir, piensa. El hombre llega hasta ella.

– Tamara ¿Tamara? Hey aguanta – Reconoce a Ricardo, la toma en brazos y la lleva hasta el auto, la deja en el asiento del copiloto, intenta concentrarse en la conversación que él tiene con aquella mujer.

– ¿Te volviste loca, qué te pasa? – Le recrimina él mientras le abrocha el cinturón a Tamara

– Mató a mi hermano ¿qué esperabas que hiciera? – Responde con odio Victoria y él voltea a mirarla con la rabia saliendo por sus ojos

– ¡Nuestro trato no era este! ¡Te dije que a ella no la tocaban!

– Tú siempre eligiendo a las personas equivocadas, primero Valentina y ahora ésta – Ricardo al escuchar esto último la agarra fuertemente del brazo

– No vuelvas a meter a Valentina en todo esto – La suelta con un pequeño empujón mientras los ojos de Victoria comienzan a llenarse de lágrimas. Ricardo ya está arriba del auto de Tamara listo para partir, pero antes le habla al adolescente que ha observado toda la escena con cara de espanto.

– No me esperaba esto de ti Andrés. Después hablaremos tú y yo – Le reprocha y aprieta el acelerador.

Tamara vuelve a tener esas ganas de vomitar, pero sólo escupe sangre, le duele todo el cuerpo, en especial la cabeza, tanto que le arden los ojos. La voz de Ricardo pidiéndole que aguante un poco más la escucha cada vez más lejos, ya no tiene razones para seguir sintiendo todo ese dolor y se desmaya.

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Capítulos anteriores

– Los hijos de Zuassagoitía 

– Los hijos de Zuassagoitía II: Rompecabezas

– Los hijos de Zuassagoitía III: Francisco De María 

– Los hijos de Zuassagoitía IV: La hija, el activado y el periodista 

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