Historias

El Reality (FINAL)

Leer antes El Reality (I) y El Reality (II)

Ni la fuerte lluvia han logrado que los periodistas que están en la entrada se rindan y está segura que la misma suerte corre Sharik en su viaje, prende la televisión para saber si estaba en lo correcto y allí estaba él subiéndose a una Van mientras cientos de personas los siguen, varios autos salen al mismo tiempo que Sharik, parece una competencia de rally, los camarógrafos chocan unos con otros y los flashes hacen difícil seguir viendo las imágenes por lo que decide apagarla.

Se acuesta sobre la cama a hojear el libro que él le escribió mientras ve por la ventana como las gotas caen sobre ella, estaba a punto de quedarse dormida cuando tocan el timbre. Hace meses que no veía a su madre y cuando la tuvo en frente le costó reconocerla, no porque haya cambiado, sino porque hoy la estaba viendo con otros ojos, con ojos de una mujer y no con los de una niña indefensa. Ella la invita a pasar.

– Me imaginé que no estabas viendo las noticias – Le dice su madre

– ¿Para qué. Para verme a mí o Sharik o quizás verte a ti diciendo cuanto odias esta nueva hija que tienes? – Le responde con más pena que odio

– Oh mi Aphril, no pelees conmigo, no ahora – Ella se acerca con los ojos llorosos y empieza a hacerle cariño en el pelo, como cuando era niña.

– Por lo que veo te sientes culpable 

– Es Sharik mi amor… 

– (Silencio)

– Hija su auto se dio vuelta en un puente arrancando de los periodistas… Cayó al río.

– (Silencio)

– ¿Aphril? – Su madre la abraza, pero ella no tiene respuesta alguna – ¿Hija?

– ¿En que hospital está? –  Le contesta con voz seca y ahora es la madre quien se queda en silencio

– ¡Respóndeme mamá! ¡¿Dónde está?! – Comienza a respirar de forma agitada

– Aún lo están buscando, pero con el clima que hay en Pablit lo más probable es que continúen mañana

– No, no ¡No! ¡NOOO!… – Cae de rodillas con el libro en sus manos, su madre se une a ella, la abraza con fuerzas, pero ni así puede detener el dolor que esta brotando por todo el cuerpo de su hija, entre gritos, llanto y suspiros Aphril intenta llamarlo.

El día siguiente no existió para ella, por más que su madre intentaba traerla de vuelta no lograba despegarla de aquel libro que leía una y otra vez sentada en la alfombra del living, cada vez que la miraba había una lágrima que caía y mojaba la tinta de cada página. Ella veía las noticias a través de su celular para que su hija no tuviera que pasar por la angustia de ver aquellas imágenes; la búsqueda seguiría por dos días más, hasta el momento sólo habían encontrado el auto y algunas pertenencia de los cuatro ocupantes. Las familias además demandaron al canal y a las personas quienes iban ocupando la camioneta que provocó el accidente. Todos los programas hablaban de las responsabilidades y los límites al momento de querer informar, todo era un mea culpa que mucho ya no servía.

Los dos días pasaron y la búsqueda se dio por finalizada sin éxito, ninguno de los cuatro que iban en el auto incluyendo Sharik pudieron ser encontrados. Ahora todos los esfuerzos se concentran en darles una buena despedida a todos, muchas personas que seguían el programa, pero por sobre todo a los participantes exigían despedirse, por lo que el canal decidió hacer una ceremonia abierta a todo público.

Aphril siguió consumida por el silencio, toda su familia y la de él estaban en el departamento. Su madre tuvo que comprarle un vestido negro que ella se puso a regañadientes, mientras lo hacía escuchaba el murmullo de la gente en la entrada del edificio, según lo que escuchó del papá de Sharik, toda la cuadra estaba llena de velas y libros, ella pensó que ese último detalle era en honor a él, saber eso le sacó una sonrisa. Las ventanas retumbaban con el sonido de los helicópteros que vigilaban las calles donde miles y miles de personas esperan el acto de despedida, por lo menos ellos también estarán en el último momento.

Ya está lista, pero antes de salir pide que los demás se adelanten, le gustaría estar un rato sola, su padre se niega en un principio pero la madre de Sharik lo convence, al ver esta escena vuelve a sonreír, los que nunca creyó que podrían compartir un mismo cuarto hoy están compartiendo un mismo dolor. Ella se sienta en el escritorio de la habitación, abre el libro en una página en blanco y se dispone a escribir el último capítulo de aquella historia donde ella es la protagonista, un final que no termina con Sharik muerto a cientos de kilómetros sino con Aphril. Luego de una hora deja el lápiz sobre los recientes párrafos, toma las llaves de la moto y deja en su sitio el casco color verde agua que él le regaló.

Las personas agolpadas en la entrada quedan incrédulas cuando la ven salir por el estacionamiento en su moto, por un momento no creyeron que era ella, sin embargo, el grupo de periodistas que se subió rápidamente a un auto para seguirla les confirmó la imagen, mientras ella acelera piensa que no aprendieron nada o que sólo los discursos de culpa lo decían por no quedar mal. Bueno eso a Aphril no le interesa, no ahora por lo menos; se pasa el primer semáforo en rojo y disfruta como la camioneta que la seguía se para en seco provocando un choque por alcance, dos, tres y cuatro rojos que no respeta y nada que sucede…

Lucha y lucha por no ahogarse mientras intenta zafarse del cinturón de seguridad, mira por el espejo retrovisor y ve que Octavio está en la misma situación, los otros dos yacen inconscientes. Un fuego comienza a quemarle el pecho, ya no le queda mucho, se detiene por un momento para juntar todas sus fuerzas y vuelve a tirar del cinturón, esta vez logra destrabarlo, inmediatamente nada hasta Octavio para ayudarlo, agradece que este haya sido menos complicado. Ambos surgen a la superficie, respiran y vuelven a hundirse para sacar a los demás, a la sexta vez lo logran. Cuando ya estaban los cuatro, Octavio y él vivos y sus amigos muertos se dieron cuenta que se encontraban muy lejos del puente donde cayeron, miran hacía todos lados y no ven nada más que agua, luego de unas horas sienten como el viento comienza a ser más violento y la corrientes los lleva de un lado a otro. Se tranquilizan al divisar una pequeña isla, pero al intentar nadar hacia ella el panorama cambia, ya no había más río, este se terminaba de golpe en una quebrada, lucharon pero les fue imposible, los cuatro cayeron al vacío.

Cuando Sharik despierta a orillas del río ya era de noche, al incorporarse se da cuenta que tiene un trozo de madera en el muslo, bebe un poco de agua y vuelve a caer rendido. Siente como alguien lo zamarrea, éste intenta abrir los ojos, pero el sol le da de lleno en los ojos, logra darse cuenta que está en movimiento, enfoca a una mujer anciana, la ve trabajar en su pierna herida, comienza a observar a su alrededor, está en una carreta que es guiada por un hombre al parecer de la misma edad que la mujer.

– ¿Dónde estoy? – Pregunta en un susurro

– En Ramel, quédese quieto para sacar esto de su pierna joven

– Yo tendría que estar en Pablit – Continúa sin más fuerza en su voz

– Está bastante lejos de allí

– Aphril – resopla 

– Háblame de ella, no ha parado de nombrarla

– Tenemos que irnos a Brate… Aphril – Se vuelve a dormir

Esta vez despierta bajo techo, mira por la ventana y puede ver las estrellas, ya se había olvidado como eran, en Zadia ya nadie puede observarlas, se percata que está en una casa humilde, su pierna esta vendada y hay un vaso de agua en el velador, toma un sorbo e intenta incorporarse cuando entra el hombre adulto que manejaba la carreta.

– ¿Cuál es su nombre joven?

– Sharik… ¿Usted no me conoce?

– Debería

– No, claro que no. Necesito llegar a la capital

– Será un poco complicado desde aquí

– Necesito que me ayude, Aphril y mi familia deben estar pensando lo peor

– Esa señorita que nombra tanto ¿es su novia?

– Si y necesito que ella sepa que estoy bien

– Podría conseguirle un auto para mañana en la tarde

– ¿No hay forma de salir ahora mismo? – Dice él desesperado

– Imposible joven, es de noche y usted no se encuentra totalmente repuesto, además el auto sólo lo podría conseguir mañana

– Esta bien, gracias igual. ¿Tiene un teléfono que me pueda pasar? – El hombre ríe sin burlarse 

– Aquí no hay teléfonos en varios kilómetros a la redonda – Sharik se toma la cabeza, por ella pasan las peores imágenes de como deben estar sufriendo en Zadia.

A las cuatro de la tarde llega lo que el hombre le describió como un auto y que él ve como una antigüedad que se quedará en pana con sólo ponerlo en marcha. Se despide del matrimonio que lo salvó de morir y les vuelve a preguntar como por séptima vez si no encontraron a nadie más y la respuesta siempre fue la misma. Mientras se va alejando no hace otra cosa que nos sea pensar en Aphril. Luego de una hora logra dar con el camino que lleva a la carretera, al parecer pudo captar bien las indicaciones del viejo y su cacharro no le ha fallado, espera que sea capaz de aguantar 24 horas de viaje.

La desesperación se está apoderando de ella, no logra concretar el capítulo final de la novela que escribió, mientras se pasa otra luz roja escucha el sonido de la policía que la sigue, acelera con la ilusión de perderlos de vista pero una segunda patrulla la intercepta y se ve obligada a detenerse. Se baja de la moto llorando de igual forma como cuando se enteró que Sharik había muerto, cae al suelo y se toma la cabeza; el mayor de los policías la levanta cuidadosamente y la introduce al auto.

– Podemos hacer una excepción señorita Aphril – le dice el que va manejando, ella lo mira con incertidumbre y sus ojos llenos de lágrimas – Me refiero que antes de llevarla a la comisaría podemos ir a la ceremonia, claro si usted quiere – Ella asiente con la cabeza, lo último que esperaba era despedirse, estaba preparada para darle otro beso y no para darle un discurso de adiós.

Sharik por primera vez se siente feliz de llegar al lugar donde todo el mundo lo conoce, un taxi lo lleva gratis a 200 kilómetros por hora hasta el departamento, sale corriendo y las personas que hacían vigilia en su edificio se hacen a un lado, sus caras son entre espanto e incertidumbre, no saben si salir corriendo o alegrarse de lo que están viendo. El conserje es el encargado de abrirle la puerta y éste entra gritando el nombre de Aphril, pero allí no hay nadie, se fija que el libro que él le regaló está abierto, se acerca a leerlo y ve la letra de ella.

 – Se va a matar – Dice casi gritando

– Tomó la moto y se fue señor –  Agrega el conserje

Vuelve a meterse al taxi y le indica algunas direcciones donde él cree que ella puedo haber tomado – Que no haya pasado, que no haya pasado – repite una y otra vez, el nudo en la garganta lo estaba ahogando. Su corazón casi explota cuando vio varios autos chocados en toda una esquina; baja corriendo creyendo encontrar una moto, pero no había nada, ni siquiera sangre, no sabe si eso es bueno o malo, quizás ya hayan quitado todo, la moto a ella. Estaba inmerso en las peores pesadillas cuando el conductor del auto lo llama.

– ¡Está en la ceremonia, con la policía! – Le grita. 

Estuvo veinte minutos avanzando lentamente dentro de la patrulla, la cantidad de gente que había en el lugar era impresionante y aún le faltaban otros diez minutos más para llegar hasta el escenario. Al igual que los días anteriores, estaba ida, inmersa en los recuerdos tanto así que cree escucharlo decir su nombre, Aphril. Su voz sonada cada vez más fuerte y eso sólo provocaba que el dolor fuera más desgarrador, sus acompañantes empiezan a removerse en sus asientos, a su alrededor la gente comienza a gritar, todos se dirigen hacia una dirección, Ella también se da cuenta de esto y la voz de Sharik se hace más potente.

Él corre hacia la patrulla esquivando la multitud que torpemente se hace a un lado, Aphril abre la puerta del auto y sigue al grupo de gente que se dirige hacia la misma voz que ella escucha, uno de los policías quiso detenerla, pero el que iba manejando al parecer el que estaba al mando le dio la orden de que la soltaran. Empujaba a las personas, estas rápidamente la dejaban pasar cuando se daban cuenta de quien era, ya no tiene dudas, la voz que escucha es de él, no se la está imaginando y a ocho metros de distancias llega ante sus ojos esa cara de niño, ahora es ella quien  lo ve primero

– ¡¡NUEVE!!  – Le grita con todas sus fuerzas y Sharik da con su rostro. Ya no hay gente en el medio, corren libres hasta que logran abrazarse, él la levanta y se aferra a ella, Aphril se cuelga de su cuello con las lágrimas brotando de sus ojos.

– Qué estupidez pensabas hacer, que estupidez Aphril – Le dice al oído mientras al fin deja salir el nudo en su garganta.

– Perdón, pensé que te habías ido 

Él la toma de la cabeza y le da un beso fuerte, de esos que dejan huellas tanto en la piel como en el corazón, a su alrededor la gente observa con lágrimas en los ojos, ninguna cámara llegó a grabar el mejor momento de la historia, el final. Sharik la toma en brazos y se va con ella hasta el taxi que los espera, este parte y se va rumbo a donde fuera o quizás a Breta.

– – FIN – –

* Lo que acaban de leer no pretende ser una críticas ni menos una oda a este formato ni a la televisión, sólo quise plasmar un escenario para una historia de amor, que dicho sea de paso no sé que demonios me bajó por escribir algo tan romántico (según yo, claramente) Pd: Todo es culpa de Nakasone

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