Historias

Entre palabras y piel

Ella escucha una y otra vez la canción que él le dedicó. She’s just the girl for me and want all the world to see de The Beatles canta con toda las fuerzas que le da su voz y las mariposas que revolotean en su estómago. En estos momentos todo es felicidad, están en esos días que llaman luna de miel, pero lo romántico nunca se le ha dado bien y tiene unas ganas de pasar al siguiente nivel… Y hoy es la noche.

Se propuso ser de esta ocasión algo distinto, de alguna forma siente que él la empuja a querer más, no conformarse con una sola noche, y por sobre todo el hombre al que espera también quiere más de ella. Es casi media noche y acaban de llegar del bar donde él tocaba con su banda; hasta el momento todo ha ido de maravilla para ella, una conversación más coqueta que de costumbre, risas para repartirle al mundo y muchos cariñitos juguetones,

De forma natural se dirigen a la pieza, ella saca del velador un pequeño tarrito donde vienen las sacarina, sólo que no había ninguna, lo que si tenía era yerba que vierte en una pipa de agua que le regaló un amigo de intercambio de Francia, y que es uno de sus tesoros de colección. Él por su parte se acomoda en la cama en la posición del loto para disfrutar del momento, como buen caballero deja a la dama que fume la primera quemada para luego hacerlo él.

Ambos están en la misma sintonía, la conversación fluye a esquinas más profundas, sacan esa parte oscura que todo ser humano lleva consigo, pero que sólo la conciencia conoce. Se cuentan esos errores que marcaron una época, esas mentiras que arruinaron momentos y esas decisiones que dejaron en el camino a más de un herido. Se dan cuenta que necesitan salir rápido de ese túnel; ella se levanta y abre su notebook en busca de una canción que los transporte hasta la luz. Pone play y suena Los Adolescentes de Dënver

La canción empieza de forma lenta, especial para el estado de ambos, ella se para sobre la cama, cierra los ojos y comienza a moverse al ritmo de la música, él la sigue. A los pocos segundos ambos estaban saltando, dejándose llevar, el calor empieza a adueñarse de sus cuerpos, ella se saca la blusa, sólo queda en short y en sostenes color verde pastel, uno de sus favoritos. A diferencia de ella, él no se quita nada, prefiere acercarse y aprovechar la melodía del tema para bailar juntos. Con el brazo izquierdo la toma de la cintura mientras ella juega con su pelo, aun no se miran, sólo disfrutan las sensaciones que produce el contacto de sus cuerpo.

La canción termina, pero la lista aleatoria de iTune supo poner la canción perfecta. Maestro Distorsión de Astro fue el sonido que los llevó a detenerse y mirarse; ella comienza a acariciarle el cuello, lo recorre de extremo a extremo mientras él sigue teniéndola firme de la cintura. Ella decide arriesgar y lo besa, tiene la respuesta más sensual para seguir hasta el final en todo esto.

Siguen besándose, sin pensar ni hacer nada más, ella deja caer los brazos y se arquea levemente hacía atrás, él se acopla a esta nueva posición; las manos de ella se dirigen a la espalda de aquel hombre que la besa, agarra la polera con fuerza tirando de ella hacia arriba; él se detiene en la misión de robarle hasta el último aliento y deja que ella tome las riendas. Ahora éste recorre con sus dedos la linea de la columna de ella, desde abajo hasta llegar al broche del sostén, lo abre en el primer intento.

Las palabras ya hicieron lo suyo, ahora es turno de la piel conocerse y convertirse en uno solo. Él la mira dedicándole una risa coqueta mientras le baja el cierre del short, ella hace su parte con su pantalón; sólo los separa una pantaleta negra de encaje y un boxer Calvin Klein gris, antes de quitarlos del camino vuelven a besarse, esta vez lo sensual ha sido reemplazado por lo sexual.

Están tendidos en la cama, él comienza a descubrir con sus dedos todo lo que las palabras no pueden hacer, se concentra en la parte de la pantaleta formando circulitos con sus dedos hasta que decide quitársela, ella ayuda en esta tarea levantando sus caderas. Los labios ya no son exclusivos para los labios ni tampoco la lengua; la marihuana estimula la mente, pero la boca de él siente que le estimula hasta los deseos ya puestos en la mesa. Termina de experimentar para darle pase a ella.

El juego del tacto es el mismo que ocupó él y también se concentra en el boxer gris, los dos han besado más que labios, ambos tiene  el sabor del otro en sus papilas. Cada poro de sus cuerpos se han abierto al otro; él se sienta y ella se monta en él, ahora el baile es otro, empiezan con un ritmo lento que les permite seguir besándose, para llegar a uno más rápido e intenso. Esto lo hicieron varias veces, abrazados, mirándose y por sobre todo dejando fuera las palabras, solamente usando el cuerpo hasta que ambos llegaron a la misma altura y más que hace un momento los llevó la yerba que fumaron.

Mucha bencina para quemarme  (8)

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