Historias

El Reality (I)

Zadia es la ciudad capital de Mustak, aquí todo el mundo quiere alcanzar algún logro, quiere ser visto por los demás, es que con 20 millones de personas habitando una misma cuenca es bastante complicado ser único y más aún ser reconocido. La gente a cedido su metro cuadrado para compartirlo con cinco más, el color de las estrellas en el cielo han sido reemplazado por letreros fluorescentes que iluminan las noches como si el día tuviera 24 horas.

En este lugar los programas de televisión son la mejor vitrina para hacerse notar o por último para que alguien en la calle deje de correr y se pare ante ti para entregarte una sonrisa en vez de darte un empujón porque le estás bloqueando el camino.

Veinte jóvenes (diez hombres y diez mujeres) esperan tener la experiencia de sus vidas o por lo menos eso es lo que promete el reality show del que serán parte. Se supone que este será distinto; el canal ha comprado el único lugar verde que quedaba de Zadia, lo salvaron de ser destruido para traer al país otra empresa gringa. El director quiere volver a los orígenes del formato, competencias, aire libre y deporte.

Las limusinas se han alejado del tumulto de la ciudad, cada una de ellas lleva dentro un integrantes de todas partes de Mustak, en la mayoría jóvenes estudiantes que esperan ganarse el premio que ellos escojan, siempre y cuando esté en el rango de 2.000 tronas que es el equivalente a vivir sin problemas toda una vida.

Ella está nerviosa, le transpiran las manos y no para de hacer bailar su pie derecho. Cuando sus padres la vean en televisión les dará un infarto piensa, su única hija tirando a la basura su prometedor futuro como dueña de una de las hidroeléctricas más importantes del país. Si no se mueren cuando sepan que es parte de este proyecto lo harán si resulta ganadora y quiera ocupar el dinero para irse a vivir una vida a la antigua en Brate, uno de los pocos lugares en el mundo que tiene más flores que edificios.

Él por su parte está tranquilo, es bastante difícil que algo lo sorprenda, que alguna cosa lo saque de su permanente estado de aburrimiento, a diferencia de ella él no viene a buscar ni demostrar nada, sólo postuló y quedó. Sus padres dicen que es como una hoja al viento, va al ritmo de algo más que sus propios deseos.

Uno a uno comienzan a bajar de sus respectivos autos, todos se miran sin dejar su sitio, a ella le siguen sudando las manos y él sigue sin siquiera mirar hacia el lado, hasta que una vocecita los empieza a llamar por el número grabado en sus poleras, les ordena que se junten según vayan siendo nombrados. El dos con el dieciocho, el siete con el diez iba diciendo la voz; el nueve con el catorce, ella y él escuchan sus números y se buscan, él la encuentra primero. Sus ojos ven a una mujer de estatura mediana, de cabellos negros ondulados que le llegaba hasta la cintura, en cinco segundos y a la distancia que estaban se encandiló con la inocencia que reflejaba, él la llama – ¡hey, catorce! – y ésta al fin da con su compañero.

Lo que ella ve es tan distinto a lo que está acostumbrada, todos esos hombres que la rodean visten hasta mejor que ella, usan más cosméticos y tienen todo un discurso preparado para enamorar mujeres; se acuerda del último con el que cayó y del cual aún se siente herida. El hombre al que se va acercando es completamente diferente, tiene el pelo castaño oscuro desordenado, es flaco pero no esquelético, de hecho a través de su ropa se puede apreciar que hace algún tipo de pesa ya que sus brazos están levemente marcados, pero lo que más le llama la atención es su cara, una cara de niño que no está acostumbrada a ver, Dios tiene unas ganas de tocar esa piel que se ve suave al tacto, le encantaría seguir con sus dedos el hueso de su mandíbula.

Ella le sonríe y le da un beso en la mejilla a modo de saludo, por primera vez él es sorprendido, y no sólo con el beso, también con el color miel de sus ojos y esas pecas marrón que juguetean en su nariz.

– A que si tú eres el nueve –  Le dice ella sin dejar de sonreír

– Y tú el catorce – Responde él un poco incómodo

– Me llamo Aphril

– Tienes nombre de mes, que original – Se sintió un poco idiota al decir ese comentario, los nervios le están jugando una mala pasada, agradece que ella le siga sonriendo e intenta relajarse. – Yo me llamo Sharik

– Ahora siento celos, tu nombre es más original que el mío ¿de dónde es?

– Africano, significa hijo de Dios… Y eso que no has escuchado el nombre de mi hermana

-¿Y cómo se llama ella?

– Aashta – Unos segundos de silencio y ambos revientan en risas

– ¿También es africano?

– No, es Indio, significa fe

Fueron diez minutos de conocerse al igual que lo hacían las demás parejas. Ella entre más escuchaba sobre él más le gustaba lo distinto que era y él entre más indagaba en su compañera más le encantaba la frescura que irradiaba, una frescura que en este mundo ya nadie tiene.

El resto de la tarde fue darles la bienvenida, explicarles las reglas del juego y todo aquello. Aphril amó la casa construida sólo con madera tallada, a su alrededor todo estaba lleno de flores, árboles y olor a libertad. Llevó sus cosas hasta la habitación designada para el grupo Los Cinco Elementos entre los que estaba Sharik; el otro grupo recibió el nombre de La Madre Naturaleza. Él disimuladamente la observaba mientras ella ordenaba su ropa, se decía que al fin tendría algo interesante que escribir, ya estaba harto de plasmar en cientos de hojas lo insípida que era su vida y la de todos los demás, sentía que nadie se daba cuenta la mierda en la que estaban viviendo, sólo él.

La primera competencia la ganaron ellos, por lo que esa semana se salvaban de ser eliminados, ella agradece empezar con el pie derecho y por sobre todo haber tomado todas las clases de deporte en la universidad, por su parte Sharik tendrá que esforzarse un poco más, su estado físico no es lo que imaginaba. Ambos comentan la prueba y se ríen del porrazo del que fue protagonista intentando saltar unas cuerdas. El día lo pasaban casi siempre juntos, sólo se separaban cuando ella quería disfrutar de la naturaleza y él necesitaba escribir acerca de Aphril.

Sus compañeros comentaban lo bien que se veían juntos y que posiblemente serían una de las primeras parejas del encierro, todos menos uno, Octavio. Él al igual que Sharik tuvo el mismo efecto al verla por primera vez, esa coquetería sin intención que ella transmitía le iba encantando cada vez más; odiaba en secreto hasta el momento como su contrincante iba ganando terreno, si no fuera por las cámaras ya habría actuado, pero como le sucede a la gran mayoría acostumbrarse a los focos del techo y a los robots con lentes no era fácil. Cosa que no les sucedía a Sharik ni a Aphril, era como si solamente existieran ellos dos.

¡Pobre Sharik y Aphril!…

* Lo que acaban de leer no pretende ser una críticas ni menos una oda a este formato ni a la televisión, sólo quise plasmar un escenario para una historia de amor, que dicho sea de paso no sé que demonios me bajó por escribir algo tan romántico (según yo, claramente) Pd: Todo es culpa de Nakasone

 

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