Historias

La prueba de fuego

Ella sabe que ha vivido unos meses intensos, donde ha descubierto que existe otro mundo.

Son las diez de la mañana, se levanta y lo primero que hace es prender su computador para colocar Safe And Sound de Capital Cities. A pesar de ser invierno el día está soleado y eso la hace sentir feliz, cree que todo saldrá bien; los rayos de sol le entregan buenas energías, lo contrario de las nubes que la dejan melancólica.Cuando está en esos estados se siente como la antigua Elizabeth, la dependiente, insegura y un poco miedosa.

Le sube el volumen a la canción para poder escucharla desde la cocina donde se prepara el desayuno, unos kiwis con yogurt y su infaltable mate; cualquiera no aguantaría tal mezcla y tendría una cita directa con el baño, en cambio ella no, hasta en eso ha cambiado, su cuerpo también es más fuerte. Se sienta en la silla de madera que da a la ventana de la calle, observa satisfecha el ritmo de la ciudad, su nueva ciudad donde vive sola y feliz consigo misma.

De vuelta en la pieza con Sometimes de Miami Horror de fondo comienza a ordenar el desastre que dejó la noche anterior de sexo con su amigo con beneficios, entre eso se le cae un paquetito de la cartera. Al verlo no puede dejar de reírse, pensar que antes hasta hubiera denunciado a la persona que haya sido dueño de algo así, ahora sólo piensa en cuando se fumará el resto de marihuana que le queda.

Lleva puesta su típica tenida de ciclista, se coloca sus audífonos y se va rumbo a disfrutar de la mejor parte del día para ella… Hasta que llega a la puerta y todo retrocede siete meses.

Un millón de imágenes viajan a la vez en su cabezas, la mayoría son de ella pidiendo, rogando o llorando. No logra decir nada, por su parte el hombre que tiene al frente la mira con una sonrisa, esa misma que a Elizabeth la deslumbró la primera vez que lo vio. El silencio comienza a hacerse incómodo, él se encarga de romper el cuadro extraño del que eran protagonistas.

– Hola ¿Puedo pasar?

– ¡Daniel!¿Qué haces aquí?

– Pues me cambié de trabajo y decidí venirme a la capital ¿Puedo pasar o no?

– Me refiero a ¿Qué haces aquí en mi casa?

– Quería verte, aunque te sea difícil de creer te extrañé estos meses

– Pasa

Él la saluda con un beso en la mejilla y una sonrisa de triunfo o por lo menos eso es lo que ella cree. Está nerviosa, desde que Daniel terminó con ella para seguir una relación con una de sus mejores amigas que no lo ve. Siente como todos los miedos que creyó dejar enterrados están brotando desde lo más profundo de los infiernos y se odia por ello.

– Estás muy bonita

– Gracias – Vuelve a ser esa niña indefensa que no sabe como llevar la situación.

– Parece que todavía te pongo nerviosa… Después de tanto tiempo mi encanto sigue intacto ¿ah?

– ¿Y Camila cómo está? – Prefiere no hacerle caso al comentario que él le acaba de lanzar, otra de las cosas que había olvidado acerca de Daniel, su ego.

– No lo sé, terminé hace tres meses con ella – Elizabeth disfruta de esta última declaración, piensa que por lo menos su supuesta amiga tuvo una de vuelta de mano.

– Duró poco – Él da unos cuantos pasos hacia ella, ahora sólo los separan un par de centímetros.

– Liz, fue un error haberte dejado, todo este tiempo te tuve en mi cabeza, no dejé de pensar en los dos años que estuvimos juntos. – Le bastaría levantar sólo un poco sus talones para besarlo, pero se niega a caer y prefiere concentrarse en responderle

– Sin contar que un año entero me estuviste engañando con Camila

– Pero tú sabes que siempre fuiste más importante – Elizabeth le coloca una cara de interrogación y a la vez se aleja de él

– ¿Más importante? ¡¿Yo era más importante?! Si mal no recuerdo te quedaste con ella no conmigo

– Y me equivoqué

– ¿Y qué… Ahora vienes a remediarlo?

– Liz vengo a que nos demos una oportunidad, quiero intentarlo de nuevo.

La felicidad se apodera de ella en un segundo, todo lo que creyó perder sigue tal cual. Entre risas responde a su petición.

– Odio Arjona

– ¿Qué?

– Eso, que odio y siempre odié a Arjona, pero como estaba tan idiotizada por ti cantaba sus canciones como si se fuera a acabar el mundo.

Por un momento pensó que había retrocedido o que quizás nunca avanzó, sólo se estaba mintiendo a si misma. Que en realidad seguía siendo una chica romántica e idealizadora, pero ahora que lo ve a él, se pregunta ¿En qué demonios estaba pensando cuando se metió con Daniel?

– Pensé que su música era nuestra banda sonora –  Ahora no intenta disimular su risa y se deja llevar por ella.

– No tenemos ninguna banda sonora, por favor no seas chanta

– No entiendo ¿Por qué estás enojada Liz?

– Guau, de verdad me estás preguntando algo así. No sé, tengo una duda, quizás por como me tratabas o no, creo que es porque me pusiste el gorro durante un año o no no, parece que estoy enojada porque me pateaste para irte con mi amiga.

– Pensé que lo habías superado, que todo este tiempo nos había ayudado a entender que en realidad nos queremos y…

– Daniel… Créeme que yo ya lo superé y con creces y verte ahora me lo confirma. A pesar de todo te tengo que agradecer que hayas venido.

– Por lo que veo no estás dispuetsa a darte una oportunidad conmigo – De la risa Elizabeth pasó a la carcajada

– ¿Yo darme la oportunidad? A no tú eres increíble. Daniel, creo que lo mejor que puedes hacer es que muevas tus patitas hacia la salida – De la sonrisa de triunfo que tenía cuando llegó no queda nada, ahora sólo hay incredulidad por lo que está escuchando, definitivamente no era esto lo que se esperaba. Daniel daba por sentado que tendría a su Liz de vuelta. Con todas las preguntas queriéndole hacer explotar la cabeza él camina hacia la puerta que ella le tiene abierta para que se vaya.

– Que lástima, ya no eres la persona que conocí.

– Gracias a Dios ya no soy esa – Él ya está fuera de la casa

– Espero que cuando te arrepientas de…

– Hasta nunca Daniel – Estaba cerrando la puerta cuando se decide a decirle una última cosa.

– Daniel espera – Las esperanzas de él vuelven – Quiero darte un consejo… Por favor deja de memorizarte letra de canciones mamonas para enamorar a pobres niñas

– Tú te enamoraste así de mí.

– Por eso mismo te lo digo. No quiero que alguien más te vuelva a cerrar la puerta en la cara por patético – Y se la cierra en la cara.

Elizabeth se queda de espalda hacia la puerta, respira profundo y sonríe satisfecha porque pasó su prueba de fuego.

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