Historias

Los hijos de Zuassagoitía IV: La hija, el activado y el periodista

Leer antes: Los hijos de Zuassagoitía III: Francisco De María

Esa noche Tamara se quedó con Francisco. Pasaron de largo haciéndose y respondiéndose preguntas hasta el amanecer. Él por su parte le contó como había empezado su investigación.

Por medio de una carta anónima una mujer le contó que hace unos 7 años había entregado a su hijo en adopción, pero que luego se había arrepentido y fue a buscarlo a ese orfanato, donde le dijeron que había muerto. Él gracias a un par de fuentes que estuvieron dispuestas a hablar averiguó quien era el dueño y que era lo que hacían en realidad en ese lugar, que entrenaban niños para luego venderlos y activarlos para asesinar. Por su parte Tamara le contó todo lo relacionado a Valentina y que a través de una carpeta que encontró en el maletín de su padre comenzaron todas sus dudas. Prefirió no contarle nada de su compañero hasta que fuera el momento.

Llegó alrededor de las siete de la mañana, lo primero que hace es dirigirse hasta el sótano y abrir la celda donde estaba dormido Ricardo. Con el sonido éste se despierta.

– Al fin llegas, pensé que te había pasado algo

– Pues me dispararon

– ¿Cómo? – Él se sienta en la cama y ella lo acompaña

– Estoy bien no fue nada. La bala era para Francisco y yo me crucé en buen momento.

– ¿Entonces conociste al periodista ese?

– Si. La verdad es que no sabe mucho más, pero tiene gente que si y ellos me pueden llevar a saber la verdad. Al por qué de todo esto.

– Sabes que puedes contar conmigo. Hay varias preguntas que yo también necesito responderme

– Lo sé y te puedes quedar aquí si quieres. A mi padre no le parecerá extraño que quiera conocer al pololo de Valentina, diré que te estoy ayudando o algo así.

– Tengo que presentarme con Polar, el piensa que estoy en Argentina para reponerme de todo, para él y para todos los que manejan nuestras vidas se supone que yo no tengo idea que fui el asesino de mi polola. Me dio un mes, si no voy con él me buscara para que le de explicaciones o simplemente me mate. Al fin y al cabo soy de su propiedad.

– No crees que quizás él te haya activado…

– No lo creo, él es muy amigo de su padre

– ¿Cuántas personas te pueden activar?

– Para todas las que me hayan subvendido

– ¿Cómo es eso?

– Polar Vísper me compró, pero él me puede arrendar por así llamarlo

– Entonces esa es la solución, tenemos que buscar quien te arrendó

– Y crees que no lo hice, antes de que me atacarás y me encerraras aquí di vueltas la casa, sus archivos, llegué hasta su caja fuerte, pero nada, ningún rastro de quien pudo haberme activado.

– Entonces tampoco es una certeza que Polar te haya activado para querer matar a Francisco.

– No

Ambos se quedan en silencio, Tamara cada día que cree encontrar algo, más lejos se siente de saber la verdad.

Ricardo se presentó ante su dueño, le informó sobre sus planes de pasar una temporada con Tamara, la mejor amiga de Valentina. Éste no estuvo muy de acuerdo, pero él lo tranquilizó diciéndole que sabe cuales son sus responsabilidades y a quien le debe su lealtad. Con estas últimas palabras el hombre lo deja ir sin antes recalcarle que le pertenece, que puede hacer uso de él cuando se le antoje.

Ya estaban instalados, Tamara le dio el cuarto de huéspedes.

– Traje algo que nos puede ayudar a comenzar – Le dice él luego de haber ordenados sus cosas. Le entrega una carpeta con nombres y direcciones.

– ¿Y esto?

– No lo sé, estaba en su caja fuerte. Creo que es importante y tengo la esperanza de que nos lleve a la muerte de Valentina.

– O puede que sean nombres al azar sin importancia

– Tendremos que arriesgarnos entonces

– Voy a llamar a Francisco a lo mejor alguno de estos nombres le sea familiar

Son las dos de la mañana y Francisco toca el timbre, ella le abre

– Cuando me dijiste que me llamarías en los momentos que fueran seguros, no me imaginé que sería a las dos de la madrugada. – Le dice él en tono de reproche.

– Ni modo que te invite a cenar con mi padre ¿Verdad? – Él está bajando los escalones que dan a un amplio comedor.

– Guau la caridad si que deja dinero

– Otro comentario y de verdad que invito a mi papá a esta reunión – Cuando estaban en esa pequeña discusión, Ricardo aparece desde la cocina. Francisco queda mirando a Tamara – Tranquilo, es de confianza.

– Soy Ricardo, el pololo de Valentina

– Entonces tú eres quien…

– Si también – Francisco le ofrece la mano y Ricardo le responde

– También es el primero que activaron para matarte – Francisco termina rápidamente con el gesto de saludo, mientras Tamara se ríe de la situación y de lo acertado de su comentario.

– ¿Me puedes explicar de que va todo esto? – Francisco está nervioso, no le gusta la situación en la que se encuentra. Ricardo es quien se encarga de tranquilizarlo.

– Relájate, no corres peligro. Ella confía en ti por lo tanto yo también lo hago

– Pero querías matarme

– Y no lo hice, además si eres el periodista que ha investigado todo este asunto sabrás como funciona el tema de los asesinatos

– Si, por eso sé que te pueden activar en cualquier momento. – Tamara opta por darle fin a la conversación y prefiere contarle el motivo de por qué está allí.

– Pero ya no lo hicieron. A que si o te haces a la idea o no podremos trabajar juntos. Además no estás aquí para discutir tu seguridad. Tenemos algo que quizás nos puedas ayudar.

Se pasaron toda la madrugada analizando los nombres, Francisco sólo reconoció tres, de los cuales dos están muertos. La opción que quedaba era el senador del partido opositor del gobierno. Según los datos que éste manejaba, antes de aspirar a un asiento en la cámara, Rodrigo Villaseñor postuló muchas veces a la alcaldía, pero siempre el padre de Valentina, Facundo Riveros ganaba las votaciones.

– Tiene un buen motor para querer matar a Valentina. – Comenta Tamara

– Yo también lo creo, matar a la hija de su competencia y que mejor que activarme a mí, su pololo. Tenía la cuartada perfecta si alguna vez salía todo esto a luz. – Agrega Ricardo

– Ambos tienen razón, pero si lo piensan mejor una historia como esta en vez de arruinar la carrera de Riveros hace que la impulse, sobre todo su imagen en la opinión pública. La verdad dudo que el Senador sea el responsable de todo esto. Aunque admito que es un buen punto de inicio. – Sentencia Francisco.

Le dieron vueltas al asunto un montón de veces hasta que se decidieron ir a investigar. A las ocho de la mañana los tres salieron rumbo a las dos direcciones que tenía Rodrigo Villaseñor en aquella hoja, cada uno iba armado. La idea era que Ricardo y Francisco fueran por la que estaba a las afuera de la ciudad y Tamara a la que estaba en el sector exclusivo, pero el periodista se negó a compartir el mismo espacio con su posible asesino. Sin más remedio este último fue sólo.

Luego de una hora desde que se separaron Ricardo llama a Tamara.

– Tamara ¿Encontraste algo?

– No, la casa está vacía desde hace un buen rato, Francisco fue a ver la parte de atrás ¿Y a ti como te fue?

– Campo, campo y más campo. Aquí no hay nada y nunca lo hubo.

Ella estaba por responderle que se devolviera cuando escucha el sonido de vidrios quebrarse.

– ¿Qué fue eso?  – Le pregunta él preocupado

– No sé –  responde ella asustada

Sin cortar el teléfono y con el arma apuntando hacia el frente camina lentamente, agradece haber tenido clases de tiro con su padre cuando era adolescente. Intenta buscar el origen del estruendo, pero ahora todo es silencio. Llama a Francisco mas no tiene respuesta. De repente el ruido vuelve, sin embargo este era diferente; escuchaba como el fierro choca contra algo hasta que llegó a sus oídos los gritos de su acompañante. Corrió hasta él y ve como un hombre de casi dos metros golpea a su ayudante. Él sangra por la cabeza y sus quejidos son casi un susurro. Tamara le pide que se detenga, el atacante se voltea a mirarla, sus ojos estaban rojos y las venas se le marcaban, luego volvió a su tarea de matar a su víctima.

– ¡Activaron a otro… Ricardo lo están matando! – Grita ella, los nervios ya no le permiten apuntar como en sus clases.

– ¡Es una trampa! Tamara sal de ahí… Por favor no dispares.

– ¡Lo van a matar, como quieres que lo deje aquí! – Su seguridad ya no existe, está al borde de la locura.

– Lo activaron Tamara, no sabe lo que está haciendo ¡No dispares… No lo hagas! – Le suplica del otro lado Ricardo.

Ella olvida la voz que sale del aparato para centrarse en el hombre inconsciente que yace en el suelo. Dos segundos después, el agresor de dos metros está tirado en el piso con una bala en la cabeza. Corre hasta Francisco, mientras de fondo escucha la voz de Ricardo que le grita “¡¿Tamara que hiciste?!… ¡TAMARA!”…

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