Historias

Cuando un “ella y él” no alcanza

Y ahí está él nuevamente, olvidando la pelea que tuvo hace treinta minutos. Siente que ya se acostumbró a ese sistema, ese de lanzarse hasta la vida por la cabeza. Ella ha tomado lo suficiente para también haber olvidado que hace un rato le gritaba que lo odiaba, que no quería estar con él, que cada segundo a su lado se arruinaba su existencia.

Y aquí están ambos, la chica de los ojos miel acaba de vomitar los sueños y los malos ratos luego se sienta en el suelo mientras ve en cámara lenta y con efecto lomo las imágenes de sus amigos. A su lado se acomoda el hombre del cabello castaño sin decir nada, sólo la acompaña en silencio; por su parte ya no queda rabia ni ganas de discutir. Ella lo mira de reojo, le inunda la culpa, una culpa incrementada por los vasos de vodka; no lo odia, por lo menos no cuando está en ese estado.

Lenta y cuidadosamente ella ubica su cabeza en las piernas de él. No se siente incómodo al tenerla cerca otra vez, de lo contrario la recibe con gusto; instintivamente comienza a hacerle cariño en el pelo. No tiene duda que la quiere, por lo menos no cuando está en ese estado.

Ambos sin saberlo se preguntan por qué las cosas son un torbellino entre los dos, el odiarse y no poder estar sin el otro al mismo tiempo. Él desecha tener dependencia, no es la cabeza lo que le duele cuando está lejos de sus beso, del aroma de su piel cuando están entre las sábanas. Ella tiene claro que no es costumbre, jamás un día es igual al otro y aunque si así fuera, ama sus pequeñas rutinas, sobre todo cuando están cepillándose los dientes frente al espejo.

Ella no quiere que llegue el amanecer, tiene miedo a que se rompa el hechizo; él no quiere cerrar los ojos, sabe que despertará a la realidad.

La fiesta a su alrededor está en su mejor parte, sin embargo él prefiere seguir en su estado de paz que al fin tiene junto a ella, disfruta poder mirarla tranquila, soñadora; se acerca para darle un pequeño beso que es respondido con ternura, fue como aquellos besos de las primeras semanas, esos que no cargaban con ninguna historia, sólo sentimientos.

Son las cinco de la mañana y la pareja aislada en un rincón del departamento donde todo es risas, música y olor a cigarro está disfrutando de su momento, el último que les queda. Las cosas están claras para ambos, pero uno tendrá que dar el paso inicial y el chico de cabellos castaño sabe que dirá ese primer “tenemos que hablar”.

Ella quiere cada cosa en su lugar, quiere que su vida vaya al ritmo que los años le van dictando. Su época de ser una hoja al viento se terminaron, hoy tiene que ser responsable y seguir por el camino recto sin curvas… Y lo quiere a él.

Él siente que tiene toda una vida por delante, no quiere entrar en ningún sistema, busca su felicidad lejos de la carretera, quiere volar y dejarse llevar; tiene ganas de seguir buscando algo que aún no sabe, quiere disfrutar de las curvas de la vida… Y la quiere a ella.

Ella hoy vive el mundo que le enseñaron a vivir sin él.

Él hoy está conociendo el mundo que creía conocer sin ella.

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