Historias

Los hijos de Zuassagoitía III: Francisco De María

Leer antes Los hijos de Zuassagoitía II: Rompecabezas

Francisco sigue apuntando, esperando que vuelvan a disparar, pero nada sucede. Mira a Tamara, al parecer la bala sólo le rozó el hombro aunque igual a perdido mucha sangre.

– ¿Puedes caminar? – Le pregunta él

– Si, creo que si – Lentamente ella se pone de pies y Francisco le hace de soporte. Abre la puerta rápidamente y la sienta en un sillón, éste vuelve a la puerta y le coloca los cinco seguros. Luego se dirige al baño y llega con una cajita de primeros auxilios.

– Esa bala era para ti – Le dice ella mientras se saca la chaqueta para que Francisco la cure

– Bueno, pésima puntería tiene tu gente

– No son mi gente… !Auch! – Él se detienen de pasarle alcohol por la herida

– Creo que es mejor que te lleve a un hospital

– No no no. Le avisarán a mi papá lo que pasó y tendré que explicarle porque estoy aquí contigo. – Ambos se quedan mirando, los dos tienen millones de preguntas que hacerse.

– ¿De verdad no tienes nada que ver en los negocios de tu padre?

– Define negocios. Por favor no llames a nadie. – Él duda por unos segundos, pero sabe que ella le puede ayudar con su reportaje, que hasta el momento sólo es un cuento de ficción sin evidencia. Vuelve a concentrarse en la herida de Tamara.

Son más de las 12 de la noche y Tamara se despierta. Mira a su alrededor y no reconoce donde se encuentra. Está recostada en una cama de dos plazas de color café oscuro, al frente de ella hay un gran ropero de madera brillante de color caoba y a su izquierda un ventanal que ilumina un escritorio lleno de papeles. Cuando pretendía bajarse de la cama Francisco entra con una taza en su mano.

– ¿Cómo te sientes? –  Le pregunta mientras le entrega la taza de café. Ella instintivamente se mira el hombro.

– Bien – Le da un sorbo al líquido y va sintiendo como su cuerpo vuelve a reaccionar con el calor que le recorre. Francisco comienza a reír y ella lo queda viendo sorprendido. – ¿Qué es lo gracioso?

– Esta escena. Tu padre quiere matarme y aquí estoy yo ayudando a su hija.

– Dudo que mi padre sea el que dio la orden. Mi tío es el corrupto de la familia

– Víctor Zuassagoitía, si lo conozco también y la verdad es que entre él y tu padre no veo mucha diferencia. – Tamara tenía unas ganas de lanzarle la taza de café, pero se contuvo. Cuando comenzó con esto sabía que iba a escuchar cosas que no le gustarían, sobre todo de su padre.

– ¿Qué es lo que estás averiguando de mi familia?

– No, así no va a comenzar esta conversación  Necesito saber porque estás tú aquí, averiguando cosas a espaldas de tu  padre. – Tiene razón, sabe que es ella quien tiene que ganarse la confianza de él, sin embargo prefiere intentar otra cosa.

– Hoy te acabo de salvar el pellejo Francisco De María, mínimo que pregunte yo primero. – Dies segundos de silencio se tomaron aquella habitación.

– Pregunta entonces – Le dice él resignado

– ¿Haz hablado con mi padre?

– El vino hacerme una visita. Me pidió que dejara de andar preguntando cosas, que no me metiera en asuntos de las cuales no tengo idea.

– ¿Y cómo saliste vivo de los ataques anteriores?

– Mi turno. – Él le levanta una ceja – ¿Qué buscas?

– La verdad

– ¿Y por qué ahora?

– Valentina. ¿Sabes algo de ella?

– Si, es la hija de alcalde, sé que la encontraron muerta en el puente Las Alamas

– Y también era mi mejor amiga. Nos conocíamos de niñas. Yo estaba en España cuando supe que estaba muerta. El caso es que cuando llegué comencé a investigar y di con la persona que la mató.

– ¿Y?…

– Francisco necesito saber si puedo confiar en ti

– ¿Eh? Creo que esa pregunta debería hacértela yo a ti. Al fin y al cabo eres una Zuassagoitía

– Una de las hijas de Zuassagoitía como el título de tu reportaje

– ¿Cómo sabes eso? – Francisco se para de la cama y corre hacia su escritorio, empieza a dar vuelta todo, los cajones, las hojas, todo. Se agarra la cabeza.

– Mi padre tenía una carpeta con ese nombre. – Tamara lo queda mirando mientras él se queda congelado respirando agitadamente.

– Pues tu padre ¡Me acaba de robar! – Toma un portalapices y lo lanza contra el suelo. Ella también se levanta de la cama, aunque con un poco más de esfuerzo. De inercia comienza a mover los papeles de él, no sabe que busca, pero se siente culpable.

– ¿Pero no lo tenías guardado en otro lado?

– Si, en mi correo

– Bueno ahí de…

– Me lo jaquearon ayer y para que preguntar de donde vino el golpe. – Él se sienta en el bordo de la cama lamentándose por todo lo que ha perdido, su trabajo de semanas, sus fuentes, las direcciones. Ella se sienta a su lado.

– Si tú me ayudas, te prometo que tendrás tu reportaje. Francisco la mira fijamente, en su rostro se  puede ver las dudas que tiene, aún más ahora.

– ¿Que quieres de mí?

– Que sigas averiguando, hay partes en las que yo no puedo entrar en cambio tú si. Y hay otros en que yo tengo pase libre.

– ¿Por qué?

– Por Valentina

– Y por la persona que activaron para matarla ¿Verdad? – Ahora Tamara lo mira fijamente – Te ayudaré. – Los dos se quedan en silencio contemplando el ropero color caoba.

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