Fragmentos

Verdades entre tres

(…) – Está bien, yo confío, pero… ¿Eso quiere decir que las cosas seguirán como hasta ahora?.

– No, es por eso que quise que tuviéramos esta conversación, quiero proponerte algo.

– A sí y ¿Cuál sería esa propuesta? – Estoy intrigada, no veo como podríamos solucionar todo esto si él sigue de la misma forma en el laboratorio.

– Quiero que vivamos juntos – Me la tiró así nada más sin anestesia. ¿Vivir juntos? Me he imaginado muchas cosas este último tiempo, en realidad mi imaginación da para mucho, pero nunca se me pasó por la cabeza irme a vivir con Rafael, jamás.

– ¿Irnos a vivir juntos? Pero no crees que es un poco apresurado. No sé si llevamos el tiempo suficiente como para dar ese paso.

– Y eso que importa, mira los dos nos amamos y esto vendría a solucionar todos nuestros problemas – Dios no quiero hacerlo, todo estos meses han sido de dudas acerca de todo, sin embargo, hoy por fin acabo de tener una certeza, no quiero irme a vivir con Rafael, no quiero.

– Si, entiendo lo que quieres decirme, pero aún así es algo importante, la verdad no sé si pueda vivir con alguien… Yo… No sé.

– Es que no vivirías con alguien vivirías conmigo, tu pololo… O es que acaso no quieres.

– Claro que no, no se trata de eso sino que es algo que no podemos tomar a la ligera – Y si en verdad el tenga razón y esto puede ayudarnos, quizás sea lo que yo necesito para aclararme, para ratificar lo que siento, fortalecer la relación. Viéndolo de una manera un poco más fría no sea tan malo.

– Por lo que veo no te gusta mucho la idea – No me gusta, pero tiene un punto a favor sí puede solucionar nuestros problemas.

– ¡Me gusta! – Intento sonreír lo mejor que puedo. Me he quejado de lo distinto que está Rafael, pero no me he mirado a mi misma, aquí estoy yo haciendo algo que en realidad no quiero, mintiéndome y traicionándome. Yo también he cambiado y no me agrada en lo que me estoy convirtiendo.

Se pone de pies y me abraza levantándome del asiento, yo respondo intentando igualar su entusiasmo, me dice que al terminar las vacaciones de invierno sería una buena fecha para cambiarnos, osea en un mes más estaríamos viviendo juntos. Espero que esta decisión si tenga el efecto que espero y no termine arrepentida.

Rafael estaba en el baño cuando siento que alguien toca el timbre, al abrir no me esperaba ver a Santiago, él entra sonriéndome y reclamándome por haber desparecido del mapa, de su mapa. Yo me quedo en blanco, no sé que decirle, en eso sale Rafael y vi como su cara se desfigura al verlo, por un momento creí que sabía lo del beso, pero después lo descarté ya que no tiene forma de saber algo así, a que si atribuyo su cara de odio al creer que es parte de los asaltantes.

– Perdón no quería interrumpir, pensé que estabas sola Simone – Cuando quería responder Rafael se adelanta, no me gusta nada esto.

– Pues no, está conmigo… Su pololo, por que sabías que aquí la señorita tiene pololo ¿Verdad?

– ¡¡Rafael !! – ¿Qué le pasa? Miro a Santiago y puedo ver que el tono en el cual le habla no le está gustando nada. Usa una risa burlona para responderle.

– Si, si lo sé, me lo contó cuando la salvé aquella noche – Resalta la parte en la que dice “la salvé”. Veo que es momento de interrumpir ésta no tan amble conversación antes de que se convierta en una pelea abierta.

– ¿Necesitas algo Santiago? – Espero que me siga el juego y me responda algo banal y no lo que sinceramente necesita o viene a buscar. Sin embargo, Rafael quiere volver al ataque.

– Hablando de esa noche Santiago, podrías explicarme como ayudaste a Simone de esos asaltantes – Si alguien puede golpear con la mirada, él hombre con el cual me voy a ir a vivir le está dando una paliza a su contrincante. Santiago me mira, ahora él espera que lo ayude.

– Rafael, yo ya te conté lo que pasó, no entiendo a que viene todo esto.

– No, tú me contaste tu parte, pero no sé la parte de él, como por ejemplo que hacía en ese lugar – Ahora es Santiago el que está lanzando las miradas, se está aguantando el enojo apretando sus dientes, la mandíbula se le marca, en cualquier momento esto se va a salir de control.

– Cualquiera diría que lamentas el que yo hubiese estado allí, si no fuera por mí ella estaría muerta ahora. En vez de estar preguntando estupideces deberías darme las gracias por tener polola aún – Y esa fue la llama que encendió la mecha, Rafael se lanzó encima de él, lo agarró de las solapas y lo tiró a la pared, yo intenté detenerlo, pero con el metro y medio que mido contra uno ochenta no tenía mucho que hacer, además los dos estaban inmersos en la discusión yo ya no estaba allí, solo estaban ellos dos.

– ¡Quítame tus manos de encima! Créeme no querrás que yo pelee contigo.

– ¿Por qué no dices la verdad? Di que tú eras parte de los asaltantes que casi matan a Simone – Sabía que el tenía esa idea en su cabeza, pero no pensé que lo creyera de esta forma. Rafael lo zamarrea y Santiago pierde la paciencia, lo empuja y le da un golpe en la cara, sino fuera porque estaba la mesa del comedor hubiese caído de boca al suelo. Cuando veo que iba a responder el golpe yo me cruzo y lo detengo, le pido que se calme, le digo que está equivocado, intenta zafarse de mí, yo lo tomo de las muñecas y hago que me mire; luego miro a Santiago, su rabia está en su nivel máximo.

– Como te gustaría que eso fuera verdad ¿No es cierto? Así no tendrías que verme con ella… ¿A caso estás inseguro?

– ¡¡Santiago!! – Le grito mientras sigo deteniendo a Rafael.- No pongas esto más difícil, ¿Qué te pasa?

– Deja de mentir imbécil, sabes que es verdad, fui hasta la comisaría donde supuestamente habías puesto la denuncia, pero esa denuncia nunca existió… ¡¡Vamos, di que es mentira!! Miéntele a Simone en su cara… ¡¡Vamos!! – Obviamente Santiago se queda en silencio, no sabe que decir y menos yo, no me esperaba esto, por qué no me había dicho nada de que estuvo investigando. Al darse cuenta que no le responde Rafael se zafa de mí tirándome a un lado y se lanza sobre Santiago gritándole que era una basura acompañado de varios garabatos, éste alcanzó a esquivar el golpe, sabía quien perdería en esta pelea.

– ¡Yo le pedí que no hiciera la denuncia! – Fueron las palabras justas para detener otra arremetida en contra de Santiago, una injusta además. Se voltea y me mira sorprendido.

– ¿Cómo dijiste? – Empiezo a ponerme nerviosa, me centro en Santiago, espero que pueda ver lo arrepentida y avergonzada que estoy por haberlo metido en esto y a la vez intento no sentirme más culpable por agregar otra mentira que contarle a Rafael.

– Eso, que yo le pedí a Santiago que no hiciera la denuncia. Rafael me asusté, pensé que podían querer vengarse de mí o de él.

– Pero la policía te hubiera protegido, además los hubieran metido presos, que daño podrían haberte hecho Simone.

– Si, pero que pasa si no hubiese sucedido eso o si lo hubieran dejado libres, no quería correr ese riesgo – Miro a Santiago a los ojos, pero él agacha la mirada, aún puedo ver su rabia y enojo.

– ¡Me mentiste Simone!

– Perdón.

– Se supone que ahora vamos a vivir juntos, no puedes mentirme así.

– ¡¡¿Qué?!! – El rostro de Santiago se desfiguró, su cara de rabia y enojo era mucho mejor que la que estoy viendo ahora. Rafael también lo queda mirando, comienza a reír.

– Mira… Santiago, a pesar de esto sigues sin caerme bien, sé que le tienes ganas a Simone no soy imbécil, pero entérate que no podrás meterte entre nosotros y sí, vamos a vivir juntos porque nos queremos – Rafael terminó por herirlo con lo que le acaba de decir, pero él no dejó de mirarme ni por un segundo y eso me hacía daño a mí. Intenté susurrar su nombre, quería hablar con él, explicarle, sin embargo el dejo de mirarme y se centro en mi pololo.

– Tienes razón, no eres imbécil, pero te equivocas en algo, le tenía ganas, ya que como ahora me doy cuenta que son una pareja muy sólida, que se aman y todo ese cuento romántico se que mis ganas de querer tener unas noches de sexo con ella no van a suceder – Rafael intenta golpearlo nuevamente, pero yo alcanzo a pararlo. Santiago me mira por última vez y ahora si puedo ver su odio hacia mí, abre la puerta y la cierra de un portazo. Sus palabras se me clavaron en todo el cuerpo, siento como me duele cada centímetro de éste, tengo un nudo en la garganta, si no fuera porque aún estaba acompañada ya me hubiese largado a llorar como una niña chiquita.

El resto de la noche no existió, todo lo que pasó después que Santiago me dijera su verdad fue como una ilusión, no sé si sucedió en verdad, me acuerdo que me abrazaban, que alguien me decía que no merecía que un tipo me tratara de esa manera, pero que no me preocupara que él, mi pololo estaba ahí para cuidarme. Sé que quería estar sola, pero no sé como hice para que Rafael se fuera, el asunto es que estaba en mi cama mirando al techo, sentía como el dolor interno que sentía subía y subía, ya no lo puedo aguantar más y me largo a llorar, así estuve hasta que asomaron los primeros rayos de sol.

Fragmento de una novela que algún día verá la luz.

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