Alter ego

Sabor a pera y alcohol

*Pinchar el enlace “Overdose” para leer en sintonía con la historia.

Llevan toda la noche mirándose. Sin estar compartiendo el mismo metro cuadrado, ambos bailan juntos, se coquetean y responden a las sonrisas del otro.

Overdose de Little Daylight fue el tema que la impulsa a tomar la iniciativa. Se dirige a la barra para pedir una cerveza, sabe que él la siguió con la mirada. Mientras espera su pedido se voltea y se queda viéndolo fijamente, el chico ya no está atento a la conversa de sus amigo, sólo se concentra en ella, en Elizabeth; en su pelo largo desordenado, en su short con tachas y su musculosa blanca donde se trasluce su sostén negro.

Ella le dedica una de sus risas coquetonas  y vuelve a darle la espada para recibir su Corona, toma un sorbo y comienza a caminar en dirección hacia aquel hombre de brazos descubiertos y mentón pronunciado.

– Hola, te traje esto – Ella le ofrece la cerveza, éste la acepta y se convence aún más que esa chica le gusta desde que la vio bailar hace dos días en este mismo lugar.

– Gracias ¿Cómo te llamas?

– Elizabeth, pero me dicen Liz ¿y tú?

– Alex

– Entonces Alex ¿Me acompañarás a bailar o sólo me seguirás mirando? – En vez de sentirse avergonzado, Alex le responde con una carcajada.

– ¿Puedo escoger las dos? – Ella le guiñe un ojo.

– Ven vamos – Lo arrastra hasta la pista de bailes.

Todos están saltando, gritando al ritmo de la música, están en su mundo al igual que ellos. Mueven sus cuerpos sin despejarse los ojos de encima; Liz acorta la distancia entre ambos, él la toma de la cintura con su mano libre, dejan de mirarse y cierran los ojos, sólo siguen el vaivén del Indie electrónico.

Bajo este encanto se perdieron un buen rato, no existía la gente que los empujaba, los tragos que se derramaban encima de sus ropas, ni el olor a muchas personas en un mismo espacio. Cuando salieron del trances se dedican una sonrisa cómplice. Ahora es él quien la toma de la mano y la lleva hasta la salida, en el camino se toma de un tirón el regalo de ella.

– ¿Quieres venir a mi casa?

– No lo sé y si mañana me encuentran debajo de un puente por irme contigo – Ambos revientan en risotadas.

– Sígueme

Llegan al estacionamiento, Alex se detiene frente a una moto, saca un casco y se lo da.

– Supongo que no le tienes miedo a las motos ¿Verdad?

Liz lo deja con la mano estirada para sentarse en la parte delantera.

– Supongo que no tienes miedo que una mujer te lleve en una moto… ¿Verdad?

Nuevamente hace lo contrario a cualquiera, en vez de hacerla bajar, saca las llaves y se las entrega, luego el mismo le coloca el casco y ella le tira un beso sin parar de reírse. Alex se pone su protección y le indica el camino para llegar a su casa.

Elizabeth creció arriba de una moto gracias a su padre y la velocidad no la asustaba, pero al parecer a su acompañante si, ya que cada vez que aceleraba éste la apretaba más fuerte de la cintura. Este es uno de los momentos que serán dignos de escribir se dice así misma.

Tardaron viente minutos en llegar al departamento de Alex. Suben hasta el décimo piso entre risas y empujones. Él abre la puerta y la invita a pasar, ella se agacha como simulando a las mujeres de la edad media para agradecerle. Mientras él estaba en el baño, Liz se dedicó a buscar una canción en Youtube.

Cuando sale del baño la ve bailando en el living Please Me de Poncho. Lentamente se le acerca para no interrumpir sus movimientos.

– Te tengo un regalo

– Y que sería – Le responde sin dejar de moverse.

Cuando descubre cual es el regalo, se para en seco, lo queda mirando y le da un piquito, corto y rápido que Alex no alcanzó a reaccionar ni responderr. Se sientan en la alfombra, ella saca unos papelillos de su bolso mientras él vierte en su molinillo un poco de hierva. No tardó más de treinta segundos en tener el pito armado, un encendedor y a viajar.

Los dos están pegados mirando el techo, hablan de la vida, de lo bueno, lo malo y lo feo. Conversan de sus sueños y de las ganas de dejarse llevar como una hoja al viento. Con su mano derecha Liz va siguiendo la forma de una constelación que su padre le enseñó cuando era niña, mientras que con la otra entrelaza sus dedos con los de Alex.

– ¿Tienes algo para tomar? – Le pregunta ella.

– Un Absolut creo que de pera, lo dejó una amiga hace unas semanas.

– Puedes traerlo

– ¿Lo quieres con bebida?

– No, sólo trae la botella

Alex no cuestiona la petición y llega con el vodka. Ella ya no está siguiendo alguna estrella con sus dedos, está sentada con la espalda en la muralla; cuando éste pretendía hacer lo mismo, Elizabeth le pide que ubique su cabeza en las piernas de ella, él obedece.

Lo queda mirando, no puede negar que es muy guapo, puede ver su reflejo en los ojos color almendra de él. Con su mano recorre las facciones de su rostro, le gusta como se siente la picazón de su barba. Se agacha un poco y ahora si le da un beso que él puede responder, Alex enreda sus dedos en el pelo de ella.

Después de un beso largo y sincero, continúa con besos cortos y tiernos. Ella saca la cuenta de cuando fue la última vez que estuvo con alguien de esta forma; nada de calentura, nada de sexo por la noche, ni salir de puntillas por la mañana. Le gusta lo que ve y lo que siente. Él por su parte siente que puede volver a sentir algo por otra mujer. Durante mucho tiempo se convenció que jamás se sentiría atraído de esta forma por alguien más. Su ex lo dejó demasiado marcado como para seguir con normalidad, y sin embargo aquí está, disfrutando a la mujer que tiene al frente, también le gusta lo que ve y lo que siente.

Sin cambiar de posición, Liz toma la botella de Absolut y bebe un pequeño sorbo, luego le pide al hombre que está en su regazo que abra la boca y deja caer como cascada el líquido, “no te lo tragues todo” le pide, Alex deja un poco mientras ella se acerca para besarlo nuevamente, ahora todo es sabor a pera y alcohol.

El juego dura lo suficiente como para reforzar la atracción física a algo un poco más profundo, algo que lleva a Alex a detener la escena. Se endereza quedando frente a ella, está dispuesto a preguntar, cree que aceptará aunque igual existe la posibilidad de que lo rechace se tira a la piscina.

– ¿Te gustaría salir a almorzar mañana?

– ¿Si me prometes que después de almorzar me acompañes a cenar?

Ambos ríen…

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2 comentarios sobre “Sabor a pera y alcohol

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