Fragmentos

Dejarse Llevar

(…) Estaba resignada a irme a la cama cuando alguien toca la puerta. Y ahí estaba Santiago frente a mí, con una sonrisa y una botella de vino en la mano, yo le devuelvo la sonrisa y lo invito a pasar. No puedo negar lo guapo que es, aún más cuando sonríe, no sé como me di cuenta tan tarde de ese detalle en él.

Nos sentamos en la alfombra que me regaló mi madre, yo prefiero pasar con el vino y me sirvo un vodka que tenía guardado de uno de los tantos carretes con mi amiga Camila. Me tomo el trago de un sorbo y Santiago me queda mirando divertido, entonces le digo “un brindis porque me dejaron plantada en mi aniversario de pololeo” y vuelvo a tomarme otro vaso al seco, lo bueno es que mi acompañante no me juzga de lo contrario me acompaña en cada trago.

Ya no queda nada de la botella de vodka y la de vino está a la mitad, ya estoy bastante feliz con mi dosis de alcohol, pues todo me parece gracioso, incluso la historia del tío de Santiago que casi muere de un infarto al verlo cuarenta años después. Intento volver a la compostura, pero no me funciona, estoy totalmente prendida y comienzo a odiar que mi amigo no tenga los mismos síntomas, pues él sigue tal cual como llegó, sobrio. Pero debo agradecer que aún así me apaña en mi locura de querer salir a correr. Son las 4 de la mañana y tengo unas ganas increíbles de correr por el parque que está a una cuadra de mi casa.

Tomo las llaves y salgo corriendo hacia la calle mientras le grito a Santiago que me alcance; a pesar de que algunas cosas se me salen de foco, corro lo más fuerte que puedo, siento como mi contrincante me pisa los talones, apuro más el tranco, pero con la borrachera que ya se apoderó de mí, se me enredan los pies y estoy a punto de caer sino fuera porque Santiago me atrapa y caímos sobre el pasto. Él cae encima de mí, mientras yo tengo una ataque de risa.

Cuando me quiero levantar, quedo frente a frente con sus ojos grises verdosos, con la persona o vampiro en este caso que me ha salvado de innumerables situaciones. Se me había olvidado lo que era luchar contra su mirada, como quiero quitármelo de encima, pero no puedo, no quiero dejar de contemplar su rostro, el que cada día me gusta más. Con su mano izquierda siento como acaricia mi cintura, mientras que con la otra se afirma al suelo y deja una leve separación entre sus labios y los míos. Dios quiero besarlo, no me interesa nada más que besarlo, saber que se siente, saber que fue lo que me perdí.

El tiempo que pasé con él como amiga me dio vueltas por la cabeza una y otra vez como hubiera sido aquel beso, pero cuando estaba a punto de abrir aquella puerta la cerraba al instante, la bloqueaba. Sin embargo ahora, con los efectos del alcohol la estoy abriendo hasta atrás y reconozco que desde un principio quise besarlo, incluso a lo mejor antes que él.

Parece que se da cuenta lo que pasa por mi mente o simplemente quiere volver hacer su jugada, pero veo como se acerca lentamente, no aparta la vista ni quiero que lo haga. Voy subiendo mis manos lentamente hasta su cuello, me quedo un rato jugueteando allí mientras ambos seguimos mirándonos como si se nos fuera la vida si dejáramos de hacerlo; llego hasta su mandíbula, me gusta como se siente al tacto su barba de días, me gusta tenerlo así, cerca mío; me gusta sentirlo parte de mi mundo, quiero tenerlo conmigo, pero por sobre todo quiero besarlo, nunca había sentido estas ganas de besar a alguien.

Con Rafael, todo empezó al revés, de él quería su cuerpo desde la primera vez que lo vi y poco a poco empecé a querer más, sin embargo ahora con Santiago sólo quiero sentir sus labios, quiero sentir físicamente todas las sensaciones que me provoca cuando está a mi lado, cuando me salva, cuando me hace sentir segura.

Ahora soy yo la que poco a poco lo va acercando hacia mí, no dejo de tocar su mejilla ni él deja de mirarme, incluso cuando nuestro labios al fin se rozan sigue su vista fija en mí, como esperando que yo lo rechace como la última vez, pero no lo hago; yo me dejo llevar y cierro mis ojos, el pequeño beso se va transformando, nuestras lenguas se juntan, nadie apura el ritmo de lo contrario el momento es lento; la mano que tenía en mi cintura la sube y me toma del cuello, se aprieta hacia mí y yo lo recibo con gusto, pues también aprieto su mandíbula.

Todo a mi alrededor no existe, sólo está Santiago y este beso que duele, duele porque no sé que haría si no pudiera volver a tenerlo, duele porque me da miedo que se convierta en una droga; nunca antes me habían besado así; conozco los besos de ternura, pasión, mas ahora siento como si me estuvieran besando con la vida y yo me agarro a ella como si así fuera, si muriera sin aquel beso, sin sus besos.

Despacio ambos volvemos al mundo, nuestros labios se separan, pero nosotros seguimos tan cerca que nuestras auras se funden, él me acaricia el labio inferior y yo cierro los ojos al sentir el calor en mi cuerpo a raíz de su tacto. Una parte de mí me dice que no puedo estar sintiendo esto, mientras que otra me dice que me deje llevar y de seguro que es la que está influenciada por el vodka y el vino. Vuelvo a mirarlo, quiero decir algo, pero no se me ocurre nada, ahora ya no sólo volví al parque, sino también volví a la realidad, a esa en la cual estoy pololeando. La imagen de Rafael pasa como una ráfaga y sentí como despertaba de golpe. Quito a Santiago de encima de un empujón, me levanto y llego hasta una banca, me siento en ella y me tapo la cara con ambas manos, quiero hundirme, quiero desaparecer. Él llega a mi lado, veo como apoya sus codos en las rodillas y junta sus manos en su mentón.

  • Te volviste arrepentir. – Puedo sentir su decepción en su voz. Levanto mi cabeza y me volteo a mirarlo.

  • No y ese es el problema.

Fragmento de una novela que algún día verá la luz.

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2 comentarios sobre “Dejarse Llevar

  1. “Todo a mi alrededor no existe, sólo está Santiago y este beso que duele, duele porque no sé que haría si no pudiera volver a tenerlo, duele porque me da miedo que se convierta en una droga”. Genial!

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