Historias

Tu traición, mi locura

Lo queda mirando por varios segundos, es una imagen que nunca antes había visto, una que jamás pensó que sería responsable. Es la artista de aquella obra de arte que yace en el suelo sin respiración, rumbo al cielo o al infierno; según ella es más probable que al infierno.

Su intención sólo era conversar, sólo quería una explicación a su engaño. El arma que sacó de su padre no era para usarla nada mas quería asustarlo, que sintiera por lo menos un poco de miedo, ese que sintió ella al saber la verdad. Que su futuro marido la engañaba con su hermana.

Esa mañana sintió como su castillo perfecto se le hacía añicos, tan destruido quedó que los cimientos fueron carcomidos por las ratas, de su vida no queda nada de nada y ni hablar de su futuro. Está en cero, sin nadie; puede sentir como el odio, el terror y la desesperación se van apoderando de ella. Se mira al espejo y experimenta la metamorfosis de su cuerpo y su alma, la niña dulce e idealizadora se va pudriendo por dentro, y está naciendo un ser con ganas de causar dolor, el mismo que hoy siente.

Con cada paso que da por los pasillos de la casona de su padre va perdiendo un poquito el sentido común, su sanidad mental se está viendo afectada por puntitos rojos que no la dejan ver ni pensar con claridad. Necesita que alguien la escuche, que alguien le diga “estoy contigo, te entiendo”, pero no hay nadie en esas oscuras habitaciones, por más que busca no existe una persona que la saque de su locura y entonces piensa que de seguro están calmando la culpa de su hermana que la pena de ella.

Llega a la oficina del hombre que dio vida a dos mujeres tan distinta, ella la tranquila y la otra la avallasadora. Se sienta en su escritorio y las fotos que están en la mesa sólo ayudan a que esos puntitos rojos sean círculos negros que oscurecen todo lo que hay dentro de ella. Mecánicamente comienza abrir los estantes, busca algo, pero no sabe qué, solo intrusea entre los papeles; sabe que necesita algo, tira todo al piso sin éxito alguno hasta que sus dedos tocan algo frío, tanto que le gusta. Lo toma firme con su mano izquierda, lo mira fijamente, esto es lo que buscaba, pero ahora no sabe para qué.

Se guarda el arma en la cartera, se sube al auto y recorre la ciudad, cinco horas le bastaron para darse por vencida, para descubrir que es lo que está buscando su odio, que es lo que la vocecita en su cabeza le está pidiendo que haga, a pesar de que aún tiene la capacidad de pensar, ahora no quiere hacerlo y obedece a esas ganas profundas y placenteras de seguirle el juego a ese eco en su cabeza.

Está frente al edificio de su ex futuro esposo, mete la mano en la cartera y vuelve a sentir ese frío en su piel, ese que la impulsa a subir los ocho pisos por las escaleras, quiere adrenalina. Respira un par de veces y toca el timbre. Él no la esperaba su cara era una total sorpresa. Ambos conversan, todo es una plática silenciosa y normal, pero ella se está enloqueciendo por dentro, no lo quiere ver así de tranquilo, quiere verlo gritar, pedir perdón, lo quiere ver sentir.

Su imaginación voló hacia la perfección de ese momento, dejó de escucharlo hace un buen rato, lo último que captó fue “me enamoré de ella”. Mientras va creando el escenario para su próximo movimiento saca lentamente el arma de su bolso, él se da cuenta y para en seco todo su discurso. Ahora ambos están en la misma sintonía, los dos respiran rápidamente que es inevitable que ella no recuerde las veces que hicieron el amor, ahora que lo piensa, ella era la única que lo hacía amando, para él era sólo sexo, las caricias con cariños estaban guardadas para su hermana.

“Dime que se siente que tu vida esté a un segundo de derrumbarse” es la frase que utiliza para apuntarlo directamente al corazón, éste instintivamente levanta las manos y le pide que se tranquilice, que baje el arma, no tiene muchas posibilidades más que apelar a los cinco años que estuvieron juntos, pero se equivoca de estrategia, su efecto fue el contrario sólo provoca que ella se acerca más a él y apriete con más fuerza la pistola.

Está gritando, pidiéndole que se arrepienta, exigiéndole que le diga que no siente amor por ella, rogándole que no le destruya su vida, su futuro, sus ideales de una familia feliz; él lo hace, comienza a pedir perdón a mentirse a si mismo y decirle que si la quiere, a jurarle que tendrán toda una vida juntos, pero vuelve a perder y esta vez no es su culpa no dijo nada equivocado simplemente que ella se dio cuenta que no es suficiente, quiere más, necesita algo más para calmar el demonio que tiene dentro y aprieta el gatillo.

La bala sale en menos de un segundo y en mucho menos llega directo al corazón de su ex futuro esposo y no fue lo único que salió expulsado sino también su rabia, su pena y su odio; sintió como todo esos sentimientos la dejaban, la abandonaban; la nueva sensación de libertad le dieron ganas de reír que no se aguanta y se larga en una larga carcajada “soy libre”.

Lo queda mirando por varios segundos, esa es una imagen que nunca antes había visto, una que jamás pensó que sería responsable. Es la artista de aquella obra de arte que yace en el suelo sin respiración, rumbo al cielo o al infierno; según ella es más probable que al infierno.

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