Diálogos

Es, pero no será

Parece que ya no me quiere o quizás nunca lo hizo, ya no sé nada.

Estoy lavándome los dientes para dormir cuando él llega. Escucho como entra a la cocina y comienza hacer ruido con la loza. Después de saciar su hambre de una posible noche de sexo, que no fue conmigo entra al baño y me pasa por alto. Termino de cepillarme y lo quedo mirando mientras el comienza a sacarse la ropa.

– Hola

– Hola

Me resigno a entablar más conversación, por lo menos hoy conseguí un “Hola”, me dirijo a la cama, me acuesto de lado y de espaldas hacia él, como ya es costumbre las lágrimas comienzan a mojar la almohada. Él llega al rato después, al parecer la mujer que tiene para la cama es estable, porque son varias noches que siento el mismo perfume; si ya antes lo odiaba ahora el Halloween me es nauseabundo. Me volteo y me quedo de frente mirando al techo al igual que él.

– No entiendo a que juegas

– No sé de que hablas

– ¿Por qué sigues conmigo?

– Y tú ¿Por qué sigues conmigo?

Yo lo quedo mirando, pero él no mira otra cosa que su celular. Se lo quito de las manos para que me preste atención y lo consigo.

– Ya basta ¿Qué es lo que quieres conseguir con esto, castigarme?

– Tú te castigas sola, por la culpa. A que si no me metas en tus problemas.

– Y tus amantes ¿Qué papel juegan en todo esto?

– Ah ellas, tranquila, no son para castigarte las tengo porque necesito entregarle a alguien lo que tu dijiste que aborrecías.

– Si no me puedes perdonar, no sé por qué sigues durmiendo en la misma cama conmigo

– No te hagas la víctima, no con esto. Y ya te dije por que no terminaba contigo, la pregunta es por qué tú no me mandaste a la mierda y te quedaste con el hombre que te hacía sentir mujer.

– Tú piensas que voy a creer que aún me amas, por Dios cada noche te acuestas con una mina distinta y dices que sigues conmigo por amor. Mira he intentado solucionar las cosas, que vuelvas a confiar en mí porque yo sé que me equivoqué, que la única persona que quiero es a ti, pero tú no me dejas solucionarlo, no dejas que me acerque. Por favor no me digas que me quieres cuando no me dejas volver a entrar a tu vida.

Se para de la cama y se agarra la cabeza, se gira y me queda mirando, puedo ver su pena, puedo ver el daño que yo causé. Se apoya en el ropero que está frente a la cama.

– No puedo, lo intento y no puedo ni olvidar ni perdonarte.

– Entonces si me estás castigando. No me quiero hacer la víctima como dices, pero lo que tú me estás haciendo es peor. Me estás matando con esto.

– Tú lo hiciste primero conmigo.

– ¡Pero ya te pedí perdón!

– ¡Pero yo no puedo quitarme esto de encima!…  No tienes ni idea lo que sentí cuando los vi juntos y cuando creí que ya no existía otro dolor más fuerte tú vienes como si nada y me dices que él te hace sentir cosas que yo jamás pude hacerte sentir. Dime, como mierda se supone que deba sentirme con algo así. Por favor dime como me saco esto de la cabeza. Como dejo de odiarte y de amarte a la vez.

– No lo sé, pero pagándome con la misma moneda no creo que sea la forma

– Lamento herir tu ego

– No es mi ego, como dices eso. Es lo que siento por ti. Si querías que supiera como se siente que te traicionen, pues bien lo conseguiste porque ahora lo sé y duele que me hagas esto. ¿Cuándo vas a parar? ¿Cuando dejarás de hacerme esto? No te das cuenta que ya no puedo más.

La pena de toda la situación se transformó en llanto, ahora soy yo la que se para de la cama, camino hacia la ventana de la habitación y quito las lágrimas de mis mejillas.

– Sabes, antes cuando te veía llorar iba corriendo hacia a ti para tranquilizarte, nunca me gusto verte mal, pero ahora, ahora odio que lo hagas.

– Una razón más entonces para saber que hay más odio que amor hacia mí de tu parte.

– ¿Y de la tuya?

Dejo de mirar la noche a través de la ventana para verlo a él.

– Te amo

– ¿Y cómo hago para creerte?

– No lo sé, yo tampoco he encontrado la forma de creer en tu amor

Y está todo claro, como leí una vez, es una amor que es, pero que nunca podrá ser. Me acerco a él, estamos tan cerca que lo besaría, tengo unas ganas de volver a besarlo, de estar con él, de volver el tiempo atrás.

– Me das permiso por favor.

El se quita de en medio del ropero, lo abro y comienzo a sacar mi ropa.

– ¿Qué haces?

– Lo que debí haber hecho cuando me di cuenta que jamás podrías perdonarme, irme de tu vida.

El se queda quieto, no dice nada, sólo ve como hago mi maleta, yo tampoco agrego algo a esta conversación. Me visto rápidamente y me dirijo hasta la puerta.

– Espera

Me prohíbe el paso, se queda frente a mí, quiere decir algo y yo quiero decir mucho más. Se va inclinando, estamos demasiado cerca, sé lo que él quiere y yo lo quiero con más fuerza. Suelto la maleta, lo tomo del cuello y lo beso, él responde. La sensación no ha cambiado, a pesar de todo lo que nos hemos hecho el beso sigue siendo el más dulce y apasionado a la vez. Me sigue amando al igual que yo a él, pero es demasiado tarde para nosotros. Poco a poco nos vamos separando, me toma de la mano y me mira a los ojos, sé que no volveré a ver sus ojos azules y sé que está a punto de decirme sus última palabras.

– De verdad te amo.

– Y yo a ti

Tomo mi maleta nuevamente, él me despeja el camino. Abro al puerta de la salida, quiero volver a verlo, pero prefiero que no y cierro la puerta tras de mí.

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3 comentarios sobre “Es, pero no será

  1. Cuático, no sé porqué lo leí y en sentido -algo así como figurado- me hizo sentir cercana a la protagonista. Y coincido no hay perfume más nauseabundo que ese Helloween manera de ser mala la webá.

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