Fragmentos

El Ataque

(…) Me meto de lleno en el trabajo, pero la idea de como será estar con Santiago no me deja en paz, me pregunto si se sentirá algo distinto, bueno según él no, que en lo que a biología se llama por así decirlo, funcionan de igual forma que antes, la transformación no cambia nada de eso. Sin embargo, sé que no es totalmente cierto, hay algo que no quiere decirme, lo noté nervioso cuando intentó explicarme como era para ellos estar con alguien. Por lo menos hasta ahora o hasta donde hemos podido llegar todo a sido normal y espero que así siga siendo.

Como siempre termino de trabajar a las dos de la mañana y me resigno a irme a mi casa sin Santiago, pero me niego a dormirme sin haber tenido nada de él durante todo el día, por eso tomo mi celular y lo llamo antes de llegar a casa, él me contesta de inmediato.

  • Hola

  • Hola… ¿Cómo estás?

  • Esperando a que sea mañana

  • De verdad, mira que coincidencia, yo espero lo mismo.- Escucho como se ríe del otro lado del teléfono.

  • ¿Ya estás en tu casa?

  • No, voy en camino- Mientras sigo la conversación veo que se me arrima un perro callejero, no lo espanto porque sé que son buenos guardianes cuando andas tarde por la noche.

 

  • ¿Con quién hablas?

  • Es un perrito que se me acerco, bueno no tan perrito, es un siberiano, me encantan.

  • ¡¿Simone?!…

  • ¿Qué pasa?

  • ¿Dónde estás?

  • Ya te dije, camino a la casa… ¡Auch! – Siento como el perro que antes miraba con cariño me acaba de morder la mano.

  • ¡¿Simone estás bien?!

  • Si si si, si sólo fue un rasguño, parece que tiene alguna herida en su cabeza porque le hice cariño y quiso morderme.

  • ¡¡Simone sal de ahí ahora!!

  • ¿Ah?- De repente escucho pasitos que se van acercando, cuando me giro me doy cuenta que tengo 5 perros siberianos a mi alrededor – ¿Santiago? – La voz me tirita.

  • Simone no es un perro, ¡sal de ahí!… ¡¡¿Simone?!!

  • ¿Hombres lobos, cierto? Santiago tengo cinco a mi alrededor- Estoy petrificada, no puedo mover ni un musculo, entre el miedo y las ganas de que no se den cuenta de que lo tengo no soy capaz de seguir con la conversación, Santiago me pide que salga de ahí ¿Pero cómo? Si corro ellos me van a seguir, no sé que hacer, veo como empiezan a gruñir, ¿Qué les pasa? De repente el que estaba frente a mi se lanza de un salto con lo boca abierta mostrando sus filosos dientes, yo me tiro al suelo y me tapo la cara con el brazo, éste me muerde y empieza a jalar, empiezo a gritar por ayuda, pero nadie viene, no sé si alegrarme o qué, pero los demás hombres lobos se quedan mirando, no me atacan, yo intento zafarme, pero entre más lucho, más se me desgarra el brazo. Cuando veo que los otros cuatro viene hacia mí escucho un rugido que me resonó hasta en la cabeza, el que me atacaba se detuvo mientras los demás se quejaron y se sentaron a la vez. Yo me enderezo y me doy cuenta que llegó un sexto, pero éste tiene el doble del tamaño, de hecho puedo decir que es hasta más grande que yo, su pelaje no es como los demás, este es largo, desordenado con una mezcla de café y negro. Los colmillos le sobresalen del hocico, sus ojos son rojo y con la luz de la calle estos brillan. Se va acercando a mi lentamente, con un ataque de este otro hombre lobo no tengo chance de salir viva, ya lo tengo frente a frente, puedo sentir su aliento, no quita sus ojos de los míos, me olfatea y con cada movimiento que hace mi corazón se va agitando cada vez más, hasta que de la nada se da media vuelta y desaparece junto con los demás.

    Por primera vez no pienso en nada, lo único que hago es correr y correr hasta llegar a mi casa, intento abrir la puerta, pero entre la sangre que tengo y todo lo que tirito se me caen las llaves, vuelvo a tomarlas con rapidez y ahora si puedo abrirla, entro y cierro de un portazo la puerta y ahí me quedo en blanco por unos segundos, sólo el dolor de la mordida en mi brazo me hace reaccionar, al llegar al baño me doy cuenta que he perdido bastante sangre, tomo una toalla y envuelvo la herida.

    Un poco más calmada, los minutos anteriores vuelven a mi cabeza, intento analizar lo que acaba de suceder, ¿Por qué me atacaron? Pero por sobre todo ¿Por qué dejaron de hacerlo? ¿Quién era aquel animal que parecía una verdadera bestia? Sigo navegando por el mar de preguntas que tengo cuando me acuerdo de Santiago, tengo que llamarlo y tranquilizarlo, busco el teléfono por todas partes hasta que me doy por vencida, lo dejé tirado en la calle cuando me atacaron. Espero que Santiago no se esté imaginando lo peor, cuando salga el primer rayo de sol iré hablar con él, odio que no tenga ninguna red social para poder contactarme con él.

    Busco mi botiquín y me preparo para curarme el brazo antes de que se me infecte, no quiero ni pensar en que infecciones puede acarrear una mordida de hombre lobo, cuando estoy en eso escucho la voz de Santiago detrás de la puerta ¿Qué demonios hace aquí?…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s