Historias

Buenos días

Son más de las 12 del día, poco a poco comienza a despertarse, se gira hacia el velador, maldice por reaccionar tan temprano, pero ni modo ya está con sus cinco sentidos. Se quita las sábanas y se sienta en la cama, busca algo con que vestirse, entre todo lo que hay tirado en el piso encuentra sus calzones y una polera.

Se dirige a la cocina, abre el refrigerador y sus opciones de desayuno son un jarro de leche y una Corona, opta por la segunda; busca entre los cajones del servicio sus Viceroy rojos; se sienta en el mesón, enciende el cigarro y le da unos sorbos a su cerveza. Mira por la ventana, pensando, lamentándose por su vida, por no ser capaz de tener un poquito de satisfacción en ella, una pizca de felicidad.

Odia su trabajo, odia a sus padres con su cantaleta de “haz algo con tu vida”, odia a los hombres, sobre todo los que ella misma escoje, pero por sobre todo odia tener que hacer algo por cambiar su destino. Termina su rutina de toda sus “mañanas” y vuelve a la habitación; se queda mirando la cama, viéndolo a él; otra de las cosas que odia es levantarse con alguien al lado. Toma uno de los cojines y se lo lanza, le da justo en la cara, él se despierta asustado, intenta enfocar que fue lo que sucedió y logra verla allí parada con cara de aburrida.

– Buenos días

– Te tienes que ir

No le dice nada más, sólo lo justo y necesario para que tome sus cosas y se largue de su casa, mientras se viste ella va a tomar una ducha, se desnuda y mira su nuevo tatuaje del cuello en el espejo. Da el agua caliente y se mete a la tina; cuando estaba en su parte favorita, esa donde ella se quita de encima todo lo del día anterior, donde deja correr con el agua los arrepentimientos que vienen con la luz de un nuevo día, entra él y le abre la cortina.

– Estas segura que quieres que me vaya

Ella no le presta atención, de lo contrario sigue como si nadie hubiera llegado a interrumpirla.

– Hey…

– ¡Adiós!

Él la queda mirando defraudado, no tiene idea porque insiste con ella, sabe lo que va encontrar cada vez que acepta sus encantos.

– Espero que algún día no te enamores de tu doble.

Con esto da por terminada su insistencia, ahora está seguro que no volverá a caer, está cansado de ser tratado como uno más. Siempre dice lo mismo, cada amanecer junto a ella llega a la misma conclusión, pero cada noche se olvida de ésta… Hoy espera que sea definitivo. Por otro lado ella le da vueltas a la última frase que escuchó y se dice así misma… “Eso nunca va a pasar”.

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