Fragmentos

El Secuestro

 w-mujer-oscuridad(…) Después de casi dos horas el furgón se detiene, por un momento siento alivio cuando abren las puertas, me sentía bastante mareada con el olor a vino avinagrado y humedad, al parecer el hedor era de mis acompañantes, no de los que me llevaron, sino de los que creo son víctimas como yo. El cuadro de lo que pasará cada ves se hace más confuso, pasé de ser una mujer violada, asesinada y secuestrada. Si bien todas aún pueden pasar, no sé como encajar a mis pares, que parecen ser borrachos sin haberse duchado en días. Uno a uno nos comienzan a bajar del auto, por lo que puedo contar hay cuatro personas más, aparte de los dos secuestradores o lo que creo que son hasta el momento.

Unas manos me toman con fuerza de los brazos que tengo amarrados a la espalda, me guían por un camino con muchas vueltas, puedo escuchar como se siente el goteo del agua en algún lugar cercano, todo a mi alrededor huele a invierno lluvioso y frío, además siento que cada ves estamos más bajo el nivel de la cuidad a pesar de eso poco a poco comienzo a escuchar el murmullo de la gente, estoy segura que he ido en bajada todo el camino, que estoy bajo tierra, que no hay nadie que me pueda ayudar y aun así las voces son cada ves más fuerte, quiero gritar pero la mordaza me lo impide, quiero correr, pero unas manos fuertes me sujetan. Ahora si que estoy completamente desorientada y hace que mi miedo se incremente, me sentía más segura al saber lo que podía suceder, pero ahora nada me cuadra. Tienen a más personas secuestradas, nos hemos alejado de la ciudad, pero siento un tumulto de gente, ninguno de los dos hombres que me llevaron me han dicho nada, ni bueno ni malo, ni bonito ni feo, nada de nada. Hasta que las manos fuertes me detiene y escucho una voz ronca de un hombre mayor o eso creo.

  • ¿Se aseguraron de todo?

  • Si señor – Responde uno de los tipos.

  • A ver déjame verlos

    En eso las manos fuertes vuelven a tomarme con fuerza y me empujan a una muralla.

  • Sáquenle las vendas y las mordazas – Habla nuevamente el tipo de voz ronca. Cuando me quitan ambas cosas intento enfocar la vista, pero me tardo varios segundo, uno por llevar los ojos tapados tanto tiempo y otra porque el lugar está totalmente oscuro, sólo puedo distinguir sombras y un par de lámparas que le dan al ambiente un tono bastante tétrico. Cuando ya logro ver todo, con lo primero que me encuentro es con lo que creo es el hombre de voz ronca enfrente de mí, con cara de espanto, se aleja un poco y me escrutinia de pies a cabeza, puedo ver en su rostro como el enojo se va asomando.

  • ¿Y ella? – Dice casi gritando

  • La encontramos cerca de la Plaza Perú. – Intenta explicar uno de mis captores y por el tono de la voz él también sabe que está en problemas, algo hicieron mal, al parecer yo no debería estar aquí.

  • ¿Y eso qué? ¿La viste? – Ahora si está gritando y yo más que miedo tengo una curiosidad que hasta a mi me sorprende dada la situación en la que estoy.

  • Bueno eh eh eh si, pero pensamos que, no sé como ya era tarde, ella… – Creo que hubiera sido más fácil que no respondiera.

  • ¡Pero nada! ¡Cómo tan imbécil! Acaso le ves la pinta de una persona que nadie reclamará. – “Que nadie reclamará” el miedo volvió a ser dueño y señor de mi cuerpo y mi alma, de curiosidad nada, entonces una de las teorías que vagaba por mi mente si se cumplirá, me van a matar. ¿Así de simple, me matan y ya? ¿Dejo de existir? ¿Dejo de ser yo? No más pensamientos, no más preguntas ¿No más yo? Quiero decir algo, reclamar no sé, pero nada sale, todo lo que me da vueltas se queda en mi cerebro, nada se transforma en palabras. Qué hará mi mamá. Cuando veíamos las noticias de madres que lloraban a sus hijos, ella siempre me decía, si algo te pasa a ti o a tu hermana yo me vuelvo loca, creo que no estoy preparada para algo así, no soy tan fuerte como ellas. Dios y mi hermana, que pasará con mi hermana, con una mamá loca y yo muerta. Ya no siento miedo, ahora es desesperación, no por mí, si no por los que quedarán aquí. Cuando vuelvo en si, siento como mi respiración está a mil por horas, intento gesticular algo, pero todo lo que hay es pánico.

  • Señor, con todo respeto sé cuales son las reglas, pero usted sabe que estos son momentos de crisis, ya no podemos seguir dándonos el lujo de buscar con pinzas a tipos como estos. – Y veo que apunta a los demás que estaban conmigo en la furgoneta y claramente estaba en lo correcto, eran borrachos sin ducharse en semanas, pero al mirarlos mejor la frase “que nadie reclamará” tiene más sentidos, son indigentes, personas que si están o no a nadie le importa, nadie se dará cuenda… Nadie los reclamará.

  • Pero tampoco podemos darnos el lujo de ser encontrados – Esta es una voz nueva, intento buscarla entre la gente, que son decenas, con todo lo que está pasando no me había fijado en todas esas personas que estaban frente a mi, hombres y mujeres de todas las edades y unos cuantos niños. ¿Qué hacen todos ellos aquí? ¿De que se están escondiendo? ¿Y por qué demonios necesitan matarme? Cuando el miedo, el pánico y la desesperación estaban a punto de apoderarse de mí nuevamente, un hombre sale entre la multitud, me mira a los ojos por unos segundos y se dirige a su gente, él era la voz nueva.

  • Los tiempos han cambiado y de eso estamos claros, la abundancia no es una de las palabras más famosas por estos días. Pero eso no significa tirar años y años a la basura por una crisis. Nuestra seguridad está primero y recuerden que ese es un ámbito que también está en jaque, ya hemos visto lo que ha pasado con nuestra gente, nuestro número ha mermado considerablemente. La desesperación no se puede apoderar de nosotros – Escucho como la gente murmura, unos a favor otros en contra, puedo ver en sus caras que no están en su mejor momento. Los murmullos empiezan a subir de nivel hasta convertirse en discusiones sobre que hacer conmigo, las únicas palabras que puedo entender son “es fácil cubrirnos” “hay que correr el riesgo” Todas frases que estaba segura no ayudan mucho a que yo saliera viva de esto y aquel hombre del discurso también se dio cuenta.

  • Pan para hoy hambre para mañana, tengan en cuanta eso. Sólo serán unos instantes de placer y de tranquilizar a nuestros instintos, pero esa sensación no durará más que lo que dura un atardecer – ¿Qué clase de gente es esta que siente placer al matar gente? Sólo puedo pensar en una secta terriblemente jodida del chape. Eso es, gente loca, todas juntas en un mismo sitio, que comparten las mimas ideas retorcidas.

    Si bien aquí están todos chiflados por decir lo menos tengo que aferrarme a algo, el tipo de los discursos no quiere matarme, ni entregarme al placer de saciar los instintos de los demás. Sin embargo, el hombre se da cuenta que está perdiendo la batalla y con ella mis esperanzas. Vuelvo a ceder al miedo, miro a esta gente, en sus caras no veo una pizca de locura y eso me aterra más, agacho la cabeza para dejar de mirar esos rostros de personas normales, pero de mentes siniestras, cuando escucho que él hombre al cual deposité mis esperanzas me habla.

  • ¿Cuál es tu nombre?- Ahora lo veo mejor, debe tener unos 25 a 27 años, es de contextura grande, pero apretado, se ve que hace bastante ejercicio, me concentro en su cara, intento buscar algún signo de maldad, pero no encuentro nada, de lo contrario, veo preocupación, no por mí claramente si no por su gente. Sus ojos son de un verde agua, hasta podría decir que grises, no sé la poca luz del lugar no ayuda mucho, pero si sé que resaltan demasiado, es de tez blanca, tiene el cabello negro desordenado y una  típica barba de cuatro días, sus labios son gruesos y es bastante alto.

  • Te hice una pregunta ¿Cuál es tu nombre?

  • Simone, me llamo Simone. – Quería que mi voz sonara fuerte y sin miedo, pero lo único que salio fue un intento de chillido.

  • Mi nombre es Santiago

  • Nos das todo un discurso para mantenernos seguro y tú le das tu nombre a esta niña – El tipo que sale al paso es tres veces más grande que Santiago, tiene varias cicatrices en su cara y sus ojos son negros, demasiado negros según yo y sin dudas es partidario de saciar ya sus instintos conmigo.

  • Eso es lo que intento hacer, demostrarles que es una niña y como tal nos traerá problemas si la ocupamos.

  • Yo digo que a la mierda con eso, es fácil cubrirnos las espaldas, podemos culpar a cualquier otra personas, lo que sea, nadie tiene que saber que somos nosotros.

  • Si, lo mismo dijiste hace años y mira todo lo que pasó – La cara de Santiago se desfigura por completo cuando recuerda algo que no sé que es.

  • Pero hay una diferencia, aquí nadie sabe que existimos, sólo somos mitos, no veo porque la desaparición de una niña centre la atención en nosotros.

  • De eso no estamos seguro – El que toma la palabra es el hombre que casi cae en cólera cuando me ve, debe tener unos muy bien cuidados 60 años, camina con completa naturalidad, como si los años o el cuerpo no le pesaran, su pelo es una mezcla de grises y blanco y sus ojos son azules profundos, y por como se dirige a los demás parece que es él quien está a cargo de esta rarísima secta. – No sabemos quienes están al tanto de nosotros, si bien la población no tiene conocimiento de que existimos como en otros lugares en los que hemos estado, personas claves sí y si ocurre algo como lo que todos ustedes quieren hacer, ellos estarán a cargo de dar la alerta – Sus palabras hicieron que siga creyendo en que puedo salir de esto, hasta que nuevamente habló el tipo siniestro.

  • También pueden culpar a nuestros amigos, aquí si saben que ellos existen, esa es una ventaja que podemos usar – ¿Acaso hay más gente como ellos en Conce? ¿Cuántas sectas hay en total y como es eso de que saben que ellos existen? Yo no sé nada de gente asesina y estoy segura que tampoco los demás ciudadanos tienen idea de todo esto. La risa burlona de Santiago detiene mi lluvia de preguntas.

  • Tú a toda costa quieres entrar en acción, no te importa si con eso se va a la cresta todo lo que hemos construido. Bueno que en realidad a ti no te importa nada más que a ti mismo, no se de que me sorprendo tanto.

  • Pues sí, esa fue la idea de convertirme en esto, dejar de pensar en los demás, hacer y deshacer a mi antojo, pero ahora estoy como cualquier de estos imbéciles que trajeron – Cuando Santiago ya estaba apunto de responderle, el hombre canoso se dirige a los demás.

  • Mientras yo esté a cargo, la seguridad va estar primero, sé que nuestra naturaleza ha sido aplacada y tienen razón en estar cansado de esta situación, yo igual lo estoy, pero aún no es el momento de enfrentarnos a los que están allá afuera, no tenemos nada a nuestro favor.

  • ¿Entonces tendremos que seguir aquí, encerrados en esta pocilga como ratas, alimentándonos de sobras?

  • ¡Así es Octavio! Y si quieres que las reglas cambien, cuando quieran hacemos una votación para que tú seas el jefe, veremos cuanta gente te quiere como su líder – Demasiado bueno para ser verdad ¿Me dejarán libre? Miro a los tipos que venían conmigo, pero creo que ninguno de los cuatro sabe lo que está pasando, de hecho hay uno tirado en el piso, debe tener unos 40 años y ni siquiera puede tener los ojos abiertos.

  • Santiago has que esta niña olvide todo y déjala cerca de la plaza – Cuando escucho esas últimas palabras siento como el alma me vuelve al cuerpo, ya no habrá una mamá loca ni una hermana desamparada, pero esperen, que olvide todo dijo ¿Cómo harán eso? Creo que jamás podré olvidar algo así, no hay forma de que me quiten de la cabeza todo esto, no la hay.

    Santiago me queda mirando fijamente, yo lo miro de igual forma, quiero sacar mis ojos de él, pero no puedo, quiero moverme al menos, pero ni eso puedo hacer, mi cabeza da vueltas, todo da vueltas, intento concentrarme en otra cosa que no sean sus ojos grises verdosos, pero cada vez me es más difícil, él me dice que no luche, pero yo no estoy luchando, sólo lo miro y cuando siento que estoy a punto de perderme escucho un grito que me saca de esos ojos.

  • ¡HAY QUE MATARLA! No sé de donde salió eso, pero todo se vuelve un caos, veo como todos corren, alguien me quita las amarras de las muñecas y me dice que corra, al verlo mejor es el tipo que estaba tirado en el piso, el que pensé que estaba totalmente borracho, pero no, me empuja hacia una salida y me grita que vaya 5 veces a la derecha y 3 a la izquierda. 5 derecha, 3 izquierda, 5 derecha y 3 izquierdas, las repito en mi mente una y otra vez, sé que si fallo en un número él que gritó que tenían que matarme lo hará.

    Qué fue lo que acaba de suceder? Intento regresar al momento en que todo se descontrola, pero las imágenes son confusas, tengo a Santiago frente a mí, me mira como yo lo miro a él, me dice que no luche, no sé a que se refería, no estaba luchando y luego ese hombre que gritó, ¿Por qué no lo dijo antes?, es como si se hubiera dado cuenta de algo que solo en ese momento comprendió y luego, luego Santiago deja de mirarme, cae al suelo, si lo veo caer, no sé de donde vino el golpe que lo noqueó, todos corren, mientras el que me ayudó me libera veo como todos corren, veo como se alejan, sólo unos pocos se quedan, creo que luchan con otro de los borrachos, no estoy segura pero la cara de esa gente no era normal, era, no sé creo que el miedo y el cansancio de correr me están nublando las ideas.

    Dos a la derecha, me queda una para llegar… ¿Dónde supuestamente lleva este túnel? Creo que llevo como 20 minutos corriendo por estos pasadizos y que el camino esté en subida es una pésima combinación para mi pésimo estado deportivo. Estoy dando la última vuelta y veo un pasillo largo con una luz al final, que irónico, estuve todo este tiempo caminando hacia la muerte, pero ahora veo la luz y corro hacía ella. Mi corazón da un salto cuando…

Fragmento de una novela que algún día verá la luz.

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