Alter ego

Una noche de polvos mágicos

Su casa es la casa de la fiesta, todos terminan allí los fin de semanas y hoy no es la excepción.

La invitación ya está hecha por Facebook y la cita es a las 10 de la noche, antes de eso ella comienza a emperifollarse, busca su mejor pinta, se maquilla recalcando muy bien sus labios, le encantan que sean gruesos. Toda su habitación funciona al ritmo de The Pretty Reckless, se deja llevar por la melodía de Make Me Wanna Die dedicándosela a su amigo con ventajas, le encantaría un día poder gritársela en la cara, pero mientras se tiene que aguantar con imaginar el momento.

Suena el timbre, sus amigos comienzan a llegar con más amigos a ella eso no le molesta de lo contrario, es por esto que lo hace. En la mesa está todo el combustible que abastecerá la noche, la madrugada y el amanecer; desde vino hasta un Johnnie Walker, sin embargo la parte favorita de todos es el regalo que siempre trae su amigo de infancia.

Como siempre él la mira apuntándose el bolsillo y de inmediato ella sabe que hacer, busca entre sus invitados aquellos que sabrán apreciar aquel obsequio y los dirige a la cocina. Cinco personas fueron las afortunadas; su amigo saca una pequeña bolsa transparente donde yace en su interior el polvito mágico. La tabla de picar zanahorias les permite dividir las lineas. Algunos principiantes tienen problemas con aspirar de una vez, pero los experto se encargan de darle los mejores tips.

Todos están en la misma sintonía, se masajean la nariz para que no quede rastro de nada y vuelven a prender la fiesta. En la cocina ya no queda nadie más que no sea la dueña de casa y el hombre con regalos.

– Tienes varias deudas conmigo.

– ¿Te refieres a estas deudas?- Ella mueve la bolsa ya vacía

– Exacto

– Pensé que eran regalos

– Y lo son, no te estoy cobrando su precio, de lo contrario estoy dispuesto a que pagues con lo que puedas – Él la queda mirando, ambos saben de que va toda la conversación.

– No tengo ganas de pagar hoy día

– Pero creo que más tarde si las tendrás, a que si ahí me llamas – Le guiña un ojo y se va, ella lo sigue sin poder quitarse la sonrisa que le provocó la conversación.

Son las cuatro de la mañana y todo es intenso, desde la copa que ella tiene en sus manos, hasta el tipo que tiene en frente que habla y habla, aunque cree que le está gritando. Intenta enfocarlo mejor y le gusta lo que ve, es por eso que ahora se concentra en lo que dice, él se da cuenta que lo mira fijamente, como no fue parte de los cinco bendecidos con los polvitos mágicos se encuentra relativamente sobrio.

Ambos son carcajadas y cariños, ella no deja esperar más tiempo y lo besa primero, mientras él echa por la borda lo que quedaba de su sano juicio y le responde con más entusiasmo del que recibe.  Las manos ya han descubierto más de lo que un beso permite, ella sabe como quiere terminar su noche es por eso que lo toma de la mano y lo guía hasta su pieza.

Ya había armado su fiesta personal, a pesar del estado etílico en el que se encontraba estaba disfrutando el momento, pero por sobre todo lo estaba disfrutando a él. Cuando estaban en el momento de conocerse recorriendo el cuerpo del otro alguien sin previo aviso entra como una ráfaga a interrumpir la celebración.

– ¿Pensé que la deuda era conmigo? – Ella ve a su amigo con cara de querer incendiar la casa. A pesar de estar desnuda ella no hace alusión de cubrirse a diferencia de su acompañante.

– Si quieres te puedes unir, así yo no pierdo y tu saldas tu cuenta – Le dice en tono de broma. Broma que duró hasta que él le dice que acepta. Ella y su compañero de cama se largan a reír, el amigo no los toma en cuenta y se saca la polera. Los tres se quedan viendo, las miradas van de uno al otro, los tres quieren algo, pero ninguno sabe que los tres quieren la misma cosa.

Como es de esperarse ella siempre logra descifrar los rostros de la gente, es así como se levanta de la cama, se dirige hasta el personaje que acaba de unirse a la escena y lo besa, él responde de inmediato y la tira de espalda a la cama, mira hacía el tipo desnudo que intenta disimular su mirada de estar disfrutando el momento, ese en el cual podrá mirar y participar. El amigo vuelve a mirarla a ella.

– ¿No te arrepentirás mañana de esto?

– Mañana no recordaré nada…

 Mi alter ego, la señorita Elizabeth Walker se está transformando en toda una mujer con ganas de tragarse al mundo, sin importarle a quien se devore por el camino.

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