Alter ego·Historias

Cuatro whiskys y algo más

Nunca hace nada nuevo, ni menos emocionante y hoy se lo acaban de refregar en la cara. Quiere salir a caminar, despejar la mente, permitir que el viento se lleve las últimas palabras que escuchó, “me aburres, todo en ti es fome”; pero llueve y ella odia la lluvia, odia los días nublados y odia tener que saltar las pozas de agua.

Estaba a punto de caer en la lástima hacia si misma cuando vio en aquellas gotas de agua una oportunidad de descubrir su lado B, ese del que hablan sus amigas, uno donde dejas de pensar y analizar cada movimiento, uno que ella nunca ha experimentado y que hoy está dispuesta a descubrir, antes de que llegue otra persona a rematarla.

Sólo dos cuadras. sólo ha caminado dos cuadras y la valentía de hace unos instantes se las lleva el río que corre a orillas de la calle. Siente sus pies mojado, su pelo ya perdió los rulitos que tanto le gustan y está desesperada con las gotas que le caen en la cara. Antes de rendirse se atreve a correr un último tramo, poco a poco el nuevo ritmo de su cuerpo le está ayudando a seguir con lo planeado.

Da vuelta en una esquina con toda la velocidad que su estado físico le permite, cuando choca con algo que no logra identificar y cae de bruces al piso. Intenta levantarse y enfocar lo que provocó tan vergonzoso porrazo y ve a un hombre en la misma situación que ella.

Ambos están de pies y se miran fijamente. Frente a ella hay un chico un poco más grande que ella, de ojos negros, facciones marcadas y una barba de días. Lleva puesta una chaqueta de cuero café que está totalmente embarrada, esto la hace mirarse y darse cuenta que está igual de sucia e impresentable que él.

El cólera de ver su ropa llena de barro le hacen olvidar los motivos de porque estaba en la calle y se lanza en contra su enemigo.

– ¡Fíjate por donde caminas!

– Me fijé, sólo que tú no te fijaste por donde corrías.

Termina de limpiarse y levanta la mirada para responderle, al verlo éste le está sonriendo. Quería atacarlo, pero no pudo no con esa sonrisa; se preguntó que se hace con una sonrisa así.

– ¿A dónde ibas tan apurada?

– A ningún lado, esa era la idea

– Y parece que te gusta la lluvia

– Me encanta la lluvia

– Me gustan las mujeres que aman los días como estos.

Mintió, en vez de sentirse apenada se sintió orgullosa, acaba de hacer algo sin pensar. La adrenalina la empuja a seguir el juego, le devuelve cada coqueteo, cada alago y acepta irse a un bar con él.

Tenía claro que una cerveza de miel no sería lo que tomaría una mujer como le que acaba de inventarse, es por ello que pide un whisky, al primer sorbo intenta disimular de la mejor forma como este le quemaba la garganta. Ya está a salvo, su nuevo amigo no presenta evidencias de haberse dado cuenta que tipo de chica tiene al frente.

Al cuarto whisky ya no importa mucho lo que piense cualquiera, sólo agradece que el papel que está representando no la haya abandonado, al contrario se ha apoderado de su diminuto cuerpo y frágil mente.

– Entonces, supongo que toda la parafernalia de hace un rato no es sólo para tomarnos un par de trago, ¿verdad?

– ¿Se te ocurre algo con qué mejorar esto?

– La verdad es que si, como que este líquido desempolvó algunas ideas.

– Quizás yo pueda ayudarte a limpiarlas por completo.

– Siendo sincera que me gustaría que te enfocaras en una en particular.

– Mmm creo que este líquido también me está ayudando, porque puedo ver exactamente cual es esa idea que tienes.

Ella se levanta de la silla y se sienta en las piernas de él.

– Veamos que tan buen vidente eres entonces.

Ambos se besan, ella está en blanco, no existen preguntas, ni vocecitas que le dicen que se tranquilice, ni ninguna imagen del futuro lamentando lo que hoy está haciendo. De hecho lo único que hay en su cabeza es aquel hombre y la sensación del beso que está provocando que pierda hasta el control de sus movimientos.

Ya están fuera del bar mientras a lo lejos tintinea una luz que dice “Motel”, no faltó decir nada, ya iban rumbo hacia ella. Por un pequeño instante llega una de esas voces a joderle el momento, “¿Estás segura de esto?”. Como ya encontró el remedio para callarlas, toma de la mano a su compañero de copas y empieza a correr hasta llegar a su destino.

No permite discurso, ni racionamientos, lo único que hace es quitar y dejarse quitar la ropa. Pone en práctica las clases de su ex, que en esta situación es lo único bueno que le dejó, para sacarle algo más que una sonrisa al hombre que tiene debajo de ella, luego se permite aprender nuevos trucos, donde la cama se convierte en un estorbo. El juego de dar y recibir  duró lo suficiente como para que ambos quedaran rendidos boca arriba en el suelo.

Sabe que se ha convertido en una asesina, porque acaba de matar a una niña dulce, racional y temerosa, pero no le importa ya que sabe que esa persona a la que hizo desaparecer en cuatro vasos de whisky y algo más bloqueaba a la MUJER.

Sin dar espacios al romanticismo, rápidamente comienza a vestirse, mientras él la queda mirando divertido, toma su bolso, se enrolla el pelo en un tomate y le tira un beso al hombre que yace desnudo en el piso.

– Por lo menos dime tu nombre.

Ella se queda pegada en la puerta, empieza a reír y se voltea hacía él para responderle.

– Elizabeth, mi nombre es Elizabeth

Sale de la habitación y cierra la puerta tras ella.

 Mi alter ego, la señorita Elizabeth Walker se está transformando en toda una mujer con ganas de tragarse al mundo, sin importarle a quien se devore por el camino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s